Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

Reservas marinas y población local

Los habitantes del archipiélago indonesio de Raja Ampat lideran los esfuerzos para proteger los arrecifes de coral de los estragos de la pesca. Con ello intentan defender también su propia subsistencia.

Punto caliente: Raja Ampat, que alberga el 70 por ciento de las especies de corales del mundo, podría convertirse en un destino privilegiado para el buceo y dejar de soportar la pesca ilegal. [REINHARD DIRSCHERI, GETTY IMAGES]

En síntesis

La popularidad de las reservas marinas, donde se limitan actividades como la pesca, está aumentado, pues parecen proteger la biodiversidad y las pesquerías. No obstante, apenas se han investigado los efectos de las reservas sobre las comunidades locales.

Con el fin de responder a esa pregunta, en la actualidad se está realizando un extenso trabajo en Raja Ampat, una vasta región de Indonesia con centenares de islas, arrecifes de coral y manglares.

De momento, se han obtenido dos resultados claros: las reservas pequeñas ofrecen más ventajas a los pescadores locales porque son más fáciles de vigilar, con lo que pueden prosperar y ser gestionadas de forma sostenible. Asimismo, para que las reservas tengan éxito, la población debe diseñar las normas y vigilar su cumplimiento; en caso contrario, los propios habitantes pueden boicotear las medidas y tal vez surjan tensiones con foráneos.

Una noche serena de agosto, Dortheus Mentansan se desliza por el océano en calma a bordo de una canoa con balancín y una linterna atada en la proa. Menudo, solemne y capaz de remar con la precisión otorgada por treinta años de práctica, Dortheus se considera descendiente del primer clan que se asentó en los alrededores de la bahía de Mayalibit, en el remoto archipiélago indonesio de Raja Ampat. Las nubes ocultan la luna, pero el pescador navega sin problemas.

Al poco rato, en el agua iluminada por la linterna aparecen unas formas grises; se trata de jureles que, con movimientos rápidos, desaparecen y emergen de nuevo. Dortheus dirige las presas hacia el entrante de un risco calizo, donde las rocas pardorrojizas forman un corral somero. La superficie del agua bulle con el chapoteo de dos docenas de peces centelleantes. El hombre desembarca, con el agua hasta los tobillos, y con una red triangular lleva los peces a la canoa, donde se golpean contra los laterales durante varios minutos, boqueando de forma mecánica.

Es un método de pesca implacable y que solo unos pocos forasteros, cinco según las cuentas de Dortheus, han visto alguna vez. La linterna parece anular el sentido de orientación de los jureles. Aunque algunos aldeanos utilizan ese método para capturar un número excesivo de peces, Dortheus toma solo los necesarios. Intenta dar ejemplo, ya que la sobrepesca ha agotado los lugares de puesta.

Hace dos años, su comunidad prohibió la pesca en una zona situada al norte, y la iglesia local ordenó a los aldeanos no pescar en sábado para que ciertos jureles, conocidos en la zona como lema, pudieran desovar. Tales acciones forman parte de un proyecto a mayor escala para que la población local gestione los recursos marinos y proteja la biodiversidad. Los conservacionistas han aprendido a las malas que si los habitantes no aceptan las medidas que les son impuestas, pueden ignorar cualquier norma. Esta enseñanza se ha llevado al extremo en los centenares de islas, arrecifes de coral y manglares de Raja Ampat, donde se ha ofrecido ayuda a individuos como Dortheus para liderar el proceso, diseñar programas de conservación, evaluar el uso de los recursos y hacer cumplir las normas.

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.