Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

Técnicas ópticas y tintoriales

La importancia de la metodología.

MANUAL DE MICROSCOPIA
Por Bruno P. Kremer, traducido por Joan Farré. Editorial Omega; Barcelona, 2012.

Cuando me llegó el libro que lleva por título Manual de microscopia, lo abrí con gran atención. Una obra nueva siempre despierta interés, motivación, pero en este caso la curiosidad es superior a la habitual por dos cuestiones: primera, ¿qué puede aportar de nuevo esta obra? Disponemos de un número muy aceptable de manuales de microscopía óptica; muchos de ellos, de la mitad del siglo xx, ya se han convertido en clásicos. Algunos son guías-formulario que permiten preparar diversidad de reactivos específicos para visualizar y poder estudiar células y tejidos animales y vegetales. Han sido y continúan siendo textos de referencia, dado que múltiples métodos tintoriales que figuran en ellos son totalmente válidos en la actualidad. Entre otros textos citaremos el Romeis (1928), el Langeron (1949), el Gabe (1968), el Martoja-Martoja (1970), muchos de ellos publicados por la prestigiosa editorial francesa Masson.

Cabe señalar que la fecha de publicación de dichas obras es de entrada un obstáculo, por varias razones: hay quien considera que lo que contiene un texto de mediados del siglo pasado es obsoleto e inservible; además, algunas de estas obras son difíciles de encontrar, hay que saber buscarlas en los santuarios de las grandes obras.

Efectivamente, hay obras que fueron de referencia en su momento y que han quedado olvidadas a pesar de que su principal interés reside en su carácter casi enciclopédico. Ofrecen recetas y fórmulas para la preparación de muestras muy diversas; en general, materiales que están a nuestro alcance: pelos, plumas, sangre, granos de almidón y de polen de diversas especies, distintos tipos de madera, microorganismos acuáticos y terrestres, formas adultas y larvarias de especies terrestres y acuáticas, etcétera. Son como un «cajón de sastre», una fuente generosa de informaciones heterogéneas. En este sentido quiero recordar los dos volúmenes de E. Séguy, Le microscope: Emploie et applications (Paul Lechevalier, París 1951), y la Microscopia analítica de T. E. Wallis (Acribia de Zaragoza, 1967). Con el mismo enfoque de este texto, la editorial Omega publicó la traducción del alemán del magnífico libro de W. Nachtigall Microscopia (1997).

En la línea de este último se ha publicado la obra que aquí reseño, un Manual de microscopia de Bruno P. Kremer, también traducido del alemán por la misma editorial Omega. Se trata de una invitación tan sugerente que difícilmente puede uno resistirse a aplicar los métodos descritos para conseguir ver al microscopio lo que podemos contemplar en la abundante y magnífica iconografía que ilustra este texto. Imágenes en campo claro, contraste de fases, contraste interferencial, luz polarizada, realmente un despliegue técnico que pone de manifiesto que la microscopia óptica nunca será obsoleta. A la vez que demuestra la riqueza de recursos gráficos que se obtienen al aplicar las distintas técnicas tanto ópticas como tintoriales.

Material inorgánico diverso, magníficas cristalizaciones inorgánicas y orgánicas, cristales de hielo con sus múltiples formas dejan maravillado al lector. Aspectos microscópicos de diversos tipos de fibras naturales y artificiales que van desde el algodón al velero. Materiales que tienen en común que no requieren ser cortados para visualizarse, como son los granos de polen o los granos de almidón, se alternan con secciones finas obtenidas con los diversos tipos de micrótomos. Cortes vegetales magníficamente ilustrados con microfotografías y que en ocasiones van acompañadas por esquemas explicativos de alta calidad. Secciones longitudinales y transversales de los distintos órganos vegetativos y reproductores de fanerógamas diversas.

La segunda cuestión que alimenta mi curiosidad es la siguiente: ¿quien podrá ser el posible lector de dicha obra? No creo que el especialista en los nucleosomas, en los priones o en la telomerasa, el estudioso del genoma ni el biólogo celular sientan curiosidad por descubrir lo que encierra esta obra magníficamente presentada. Los profesores de disciplinas en las que el uso del microscopio es obligado, tanto en ciencias experimentales como en medicina o veterinaria, seguro que lo abrirán; algunos se prendarán de la obra, la hojearán con interés y, en muchos casos, se sentirán desgraciados por no poder llevar a la práctica muchas de las sugerencias que nos ofrece Kremer, no por ser complicadas, que no lo son, sino por falta de tiempo. Los actuales planes de estudio que siguen más o menos el de Bolonia han experimentado unos recortes considerables; asimismo, han disminuido las horas de clases magistrales y, más grave todavía, también las sesiones prácticas. Esta misma problemática se presenta en los niveles inferiores de enseñanza de nuestro país.

Lo que propone este Manual de microscopia debe llevarse a cabo en el laboratorio: preparar los reactivos (no todo son kits comercializados), aplicarlos sobre el material en estudio previamente condicionado para ello (fijación o no, microtomía por un sistema u otro) y, finalmente, observarlos al microscopio, escogiendo la más idónea de un abanico de posibilidades de observación. (El experimentador optará inicialmente por la recomendación del autor, pero a la vez se dejará guiar por su curiosidad y seguramente probará otras técnicas para verificar que la aconsejada es realmente la mejor.)

No resisto la tentación de escoger un párrafo de la memoria leída por Santiago Ramón y Cajal, con motivo de su ingreso a la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Madrid en 1897: «Reglas y consejos sobre investigación científica», en que hace referencia a la metodología:

La maestría de los métodos, particularmente en las ciencias biológicas, es tan trascendental, que, sin temor de equivocación, se puede afirmar que los grandes descubrimientos corren a cargo de los técnicos más primorosos: de aquellos sabios que han profundizado, a favor de perseverantes ensayos, todos los secretos de uno o varios recursos analíticos.

Me encanta Kremer, cuando en el último capítulo, titulado Metodología y técnicas, se atreve a afirmar «hoy en día el dibujo y la fotografía se complementan». Pocos son los profesores que insisten en ello y muchos los alumnos que, con el pretexto de no saber dibujar, se limitan a hacer, en el mejor de los casos, cuatro garabatos sin proporcionalidad (aunque ello no debe hacernos olvidar que todavía existen estudiantes selectos que se muestran atentos a lo que escuchan y ven, que son minuciosos en sus trabajos prácticos y capaces de elaborar memorias de prácticas que merecerían ser publicadas). Las cámaras digitales son difíciles de combatir; sin embargo, hay que intentarlo. La observación requiere tiempo, requiere tratar adecuadamente el microscopio, requiere paciencia.

En un último capítulo se ofrecen las fórmulas para preparar muchos de los reactivos mencionados en el texto. El nombre de algunos colorantes no tiene la traducción correcta al castellano, hecho que se habría podido subsanar si el traductor hubiese consultado algunos de los manuales anteriormente citados o a expertos en la materia.

Incluye también un apartado dedicado a las distintas modalidades de microscopia óptica existentes, acompañadas de imágenes realmente espectaculares. Algunas técnicas de cultivo de bacterias y mohos, muy ilustrativas y sencillas de llevar a cabo, dan paso a una excelente selección bibliográfica.

Por último, un detalle de gran utilidad que en un opúsculo que tuve ocasión de publicar hace ya muchos años incluí: una relación de casas comerciales donde se pueden adquirir los materiales y reactivos que han sido seleccionados en esta obra.

Deseo que esta valiosa joya editorial tenga la divulgación que se merece y abra el apetito y la curiosidad a cuantos lo hayan leído y visualizado, de la misma manera que me ha incitado a mí a seguir ciertas recomendaciones que desconocía, con un resultado sorprendentemente excelente.

Sin duda Kremer nos despertará el interés por todo lo que nos rodea y que, dado su tamaño, solo es posible apreciar mediante un buen uso del microscopio y, en muchas ocasiones, con una adecuada preparación de la muestra.

Una vez más, hay que dar la razón a Ramón y Cajal cuando afirma en su discurso anteriormente mencionado: «Lo más curioso es que el trabajo me causaba placer. Era una embriaguez deliciosa, un encanto irresistible». Visualizar por uno mismo las imágenes que nos ofrece el microscopio constituye realmente un espectáculo único.

Contenidos relacionados

Puedes obtener el artículo en...

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.