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GREGORY G. DIMIJIAN, PHOTO RESEARCHERS, INC.

La Amazonía occidental se halla amenazada por una situación a la que nunca antes se había enfrentado: la combinación de calentamiento climático y del crecimiento de la población humana. En los últimos años, la región ha sufrido dos de esas sequías que solo suceden «una vez por siglo», una en 2005 y otra en 2010. Tales eventos podrían hacerse más frecuentes a medida que aumentan las temperaturas en el Atlántico Norte y los humanos siguen quemando miles de kilómetros cuadrados de selva para convertirlos en cultivos.

La reducción de la superficie forestal conlleva un descenso en las precipitaciones. «El 50 por ciento de la lluvia que cae en la selva amazónica es generada por la propia selva a través de la transpiración y la evaporación», afirma Gregory Asner, ecóloga tropical del Instituto de Ciencia Carnegie de la Universidad Stanford, que presentó sus resultados preliminares sobre el daño causado por la sequía en la región peruana de Ucayali en la reunión de la Unión Geofísica de EE.UU., celebrada en San Francisco el pasado mes de diciembre. «La deforestación exacerba el problema de la sequía, porque elimina ese mecanismo interno.» Desbrozar campos y pastos también deja más expuestos los márgenes del bosque, con lo que su interior se seca y se quema con mayor probabilidad cuando se descontrola un incendio agrícola.

Ante las condiciones más cálidas y secas, las especies pueden aclimatarse y adaptarse... o bien extinguirse. Una especie vegetal puede ampliar su territorio a una región más fría, pero solo a la velocidad que le permite la dispersión de sus semillas, afirma Kenneth Feeley, biólogo de la Universidad Internacional de Florida que estudia los árboles de la vertiente oriental de los Andes peruanos. Le sorprendieron los cambios de distribución acaecidos en solo unos años. «Las especies están ascendiendo a zonas más altas; lo hacen a razón de unos tres metros en vertical al año, una velocidad muy grande», señala, aunque añade que podría no ser suficiente. Teniendo en cuenta el cambio climático que se está produciendo, necesitarían ascender nueve o diez metros al año. En las tierras bajas, la deforestación reduce las áreas a las que pueden trasladarse las especies, mientras que las carreteras y zonas de pastos constituyen barreras para la dispersión. Perú cuenta con algunas zonas protegidas extensas, pero los científicos ignoran si son lo suficientemente grandes o si se hallan en el lugar adecuado para permitir la migración de las especies ante un clima que cambia con rapidez.

Para ayudar a responder a esa cuestión, Asner vuela en un avión equipado con un sistema de captación de imágenes por láser y un espectrómetro que identifica las señales químicas de las plantas con un 80 por ciento de precisión, lo suficiente como para crear un mapa de diversidad de las especies del dosel arbóreo en la zona occidental de la Amazonía, de Colombia a Bolivia. Ello proporcionará información de partida con la que se podrán realizar comparaciones y determinar variaciones futuras. Por su parte, Asner prevé que observará grandes cambios en la configuración básica de la Amazonía durante su vida. «Tengo 44 años. Si tuviese la suerte de llegar a los 80, podría ser testigo de ello.»

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