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  • Investigación y Ciencia
  • Junio 2013Nº 441

Física de partículas

Un secreto escrito en el cielo

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Hasta ahora ha sido imposible medir con precisión la minúscula masa de los neutrinos, y no por falta de intentos. Los numerosos experimentos realizados durante las últimas décadas en laboratorios de todo el mundo tan solo han logrado imponer cotas bastante laxas a las masas de las tres especies de neutrinos.

Contamos con razones de peso para pensar que el mejor método para determinar la masa de estas diminutas partículas consiste, irónicamente, en medir sus efectos sobre la estructura a gran escala del universo. A pesar de su minúscula masa, la ingente cantidad de neutrinos presentes en el cosmos (del orden de 1089) les otorga un papel clave en la evolución del universo.

La idea puede resumirse como sigue. Poco después de la gran explosión se sintetizaron grandes cantidades de helio a partir de núcleos de hidrógeno. Ese proceso liberó un número enorme de neutrinos. A medida que el cosmos se expandía y se enfriaba, las pequeñas fluctuaciones de densidad en esa sopa primordial se fueron amplificando. En las zonas donde la densidad era superior a la media, la gravedad atrajo aún más materia.

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