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1 de Enero de 1982
Genética

Reparación inducible del ADN

La lesión del material hereditario desencadena la "respuesta SOS", en la que varios sistemas enzimáticos actúan coordinadamente. Dos proteínas, RecA y LexA, desempeñan múltiples funciones en la reparación del daño.

La vida de un organismo y su continuidad de generación en generación dependen de la estabilidad a largo plazo de la información genética cifrada en la doble hélice de ADN. Estabilidad que no debe traducirse por invulnerabilidad a las lesiones. El ADN, sea de una célula bacteriana o de los millones de células que componen un ser humano, se muestra muy sensible a los daños producidos por las radiaciones perjudiciales y por los agentes químicos presentes en el medio ambiente. Su estabilidad y la precisión de su replicación están protegidas por enzimas que continuamente reparan las lesiones genéticas. En concreto, las lesiones importantes de la molécula de ADN pueden inducir una respuesta de emergencia mediante la cual se sintetizan mayores cantidades de enzimas reparadoras, que actúan en perfecta coordinación. Durante mucho tiempo se vino observando y estudiando varios sistemas de reparación del ADN, pero ha sido en los dos últimos años cuando han empezado a comprenderse los pormenores de la naturaleza de algunas de las respuestas inducidas y los sistemas reguladores que las controlan.

Tanto la vulnerabilidad a las lesiones como la susceptibilidad a la reparación van implícitas en la misma estructura del ADN. Las cadenas de la doble hélice son una sucesión de moléculas de azúcar y grupos fosfato. De este esqueleto sobresalen una serie de grupos químicos llamados bases. La unidad constitutiva real del ADN son los nucleótidos, cada uno de los cuales consta de una base, un azúcar y un grupo fosfato. Las bases son de cuatro tipos: dos purinas, adenina (A) y guanina (G), y dos pirimidinas , citosina (C) y timina (T). Las bases de una cadena se unen por enlaces de hidrógeno a las bases de la otra cadena, para formar el ADN bicatenario. Además, las bases son complementarias: A se aparea sólo con T, y G sólo con C. Se sigue de ello que las dos cadenas son complementarias y que, efectivamente, cada una de ellas es un molde de la otra: si una cadena tiene la secuencia TGACCGCTTA, la otra cadena deberá lleerse ACTGGCGAAT. La complementariedad constituye el fundamento de la replicación del ADN, de su expresión en forma de proteína y de su recombinación. Durante la replicación, cada cadena sirve de molde para fabricar una cadena "hija". En la expresión, la información hereditaria cifrada en la secuencia de bases de una de las cadenas que componen un gen se transcribe en una secuencia complementaria de una cadena de ARN, que posteriormente se traducirá a proteína; cada tres bases, un codon, determinan uno de los aminoácidos que integran la cadena de proteína. En la recombinación genética, las cadenas de ADN se rompen y las regiones homólogas se unen para dar lugar a nuevas combinaciones de genes.

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