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1 de Octubre de 1988
Meteorología

El desafío de la lluvia ácida

Los efectos de la lluvia ácida en el suelo y embalses no dejan lugar a dudas acerca de la necesidad de controlar sus causas. En la actualidad, los progresos de la tecnología ofrecen soluciones ambiental y económicamente atractivas.

La atmósfera es depósito y matraz de reacción de multitud de substancias. Muchas de las más importantes —oxígeno, dióxido de carbono y compuestos de nitrógeno y azufre— son producto de la actividad de los seres vivos. A menudo, y en repetidos casos con la ayuda del ciclo del agua, pasan por la atmósfera para, andando el tiempo, absorberse de nuevo en el suelo, el agua superficial o la materia orgánica. Con su tecnología, el ser humano ha contribuido enormemente a la carga atmosférica de algunas de estas substancias, que arrastra consecuencias de largo alcance para la vida y el medio ambiente. Ello resulta clarísimo en el caso de la lluvia ácida: precipitación y partículas que se han acidificado por efecto de la contaminación del aire.

La voz de alarma ante la creciente acidez de la precipitación en Europa y el este de Norteamérica se dio ya en los años sesenta. Desde entonces, buena parte de la atención se ha centrado en los efectos, declarados o sospechados, de la lluvia ácida en los ríos y lagos, con sus poblaciones de vida acuática, y en los bosques. Pero la lista de preocupaciones es mucho más amplia: abarca la contaminación de las aguas subterráneas, la corrosión de estructuras artificiales y, más recientemente, el deterioro de las aguas litorales. Veinte años después, ¿cuál es la magnitud del daño infringido a los ecosistemas, lagos y bosques en particular, que se ha podido confirmar y medir? ¿Cuánto se ha avanzado en el conocimiento de los procesos que dan origen a la lluvia ácida y explican sus efectos? ¿Hasta qué punto se ha podido aplicar dicho conocimiento al control de las emisiones —principalmente de dióxido de azufre, procedente de las centrales eléctricas de carbón y petróleo, y óxidos de nitrógeno, de los motores de los vehículos y las centrales eléctricas— que provocan lluvia ácida?

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