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1 de Septiembre de 1990
Biología vegetal

Chancro del castaño

El hongo que asoló al castaño americano sufre, a su vez, un ataque biológico. Los fitopatólogos esperan que el nuevo parásito termine por domeñar al antiguo.

Hace cien años, el castaño americano (Castanea dentata) podría haberse considerado el árbol americano por antonomasia. Esta magnífica especie representaba una cuarta parte de los árboles de madera noble existentes en su área natural y formaba una cadena casi ininterrumpida de bosques desde Maine hasta Georgia. Crecía más deprisa que la mayoría de los otros árboles productores de madera, alcanzando a veces una altura de 30 metros y un contorno de más de dos metros. Su madera de fibra recta se troceaba fácilmente, ardía casi sin humo y resistía la podredumbre gracias a una generosa dotación de taninos, sustancia amarga que se encuentra también en las hojas de té. Tal resistencia hizo que fuese la madera ideal para vallados, postes de telégrafos y traviesas de ferrocarril. En aquellos lugares donde el árbol era abundante, los taninos sostenían una industria floreciente. La castaña, que tenía mucho más aroma que la de otras especies de castaño, era alimento básico para muchos animales e ingrediente de muchos dulces.

En la actualidad, el castaño sobrevive principalmente como un arbusto menor, que brota del sistema radicular de árboles muertos o en declive. La mayor parte de los castaños adultos, unos tres o cuatro mil millones, murieron durante la primera mitad de este siglo debido a una enfermedad fúngica, introducida, según se piensa, alrededor de 1900 con la importación de castaños procedentes de Asia. Los robles y otros árboles de madera noble han llenado el considerable hueco dejado por la muerte del castaño.

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