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1 de Agosto de 2009
Astronomía

Planetas ectópicos

Los astrónomos encuentran planetas donde, en teoría, no deberían estar.

RON MILLER

En síntesis

Pocos astrónomos, o ninguno quizá, esperaban que hubiese una gran diversidad de planetas más allá del sistema solar. Los sistemas más extremos son los que orbitan en torno a estrellas de neutrones, enanas blancas y enanas marrones.

Las estrellas de neutrones nacen en las explosiones supernova; los planetas que giran a su alrededor son probablemente escombros coagulados. Los cuerpos en torno a las enanas blancas sobrevivieron a la muerte de las estrellas de tipo solar. Las enanas marrones, cuya masa no es mucho mayor que la de los planetas, parecen albergar entornos adecuados para la formación de planetas.

Las enanas blancas ofrecen uno de los símbolos más conmovedores de los cielos. Aunque tienen una masa parecida a la del Sol, son muy débiles, y van siéndolo cada vez más (no se atienen a la relación entre masa y luminosidad de las estrellas comunes). Más que estrellas, constituyen cadáveres de estrellas. En otros tiempos se parecieron mucho al Sol y brillaban tanto como él. Al írseles agotando el combustible, se precipitaron en una tormentosa agonía. Su tamaño se centuplicó y su brillo se multiplicó por diez mil; pero al fin, perdidas sus capas exteriores, quedaron reducidas a rescoldos no mayores que la Tierra. Por el resto de la eternidad, permanecerán inertes; poco a poco se apagarán.

Por si ese cuadro no resultara sombrío, sabemos ya que es peor aún. Hemos encontrado una docena de enanas blancas en la galaxia rodeadas de asteroides, de cometas y quizá también de planetas: se trata de sistemas repletos de mundos hasta ahora desconocidos. Las estrellas, vivas aún, se encendían como soles cada día en los cielos de esos astros. Calentaban suavemente sus superficies y agitaban vientos. Quizás hubiese organismos que se empapaban de sus rayos. Pero al morir vaporizaron, o engulleron e incineraron, los planetas interiores; sólo subsistieron los cuerpos que residían en afueras más frías. Con el tiempo, destruyeron y consumieron muchos de esos supervivientes. Esos sistemas diezmados nos muestran el funesto destino de nuestro sistema solar, para cuando, dentro de cinco mil millones de años, se extinga el Sol.

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