Repensar la oferta monetaria mundial

Sería muy beneficioso que las reservas internacionales dependieran menos del dólar estadounidense.
MATT COLLINS
El pasado mes de marzo, el Banco Popular de China sacudió el mundo financiero proponiendo un nuevo acuerdo monetario. La propuesta atrajo la atención sobre todo porque era una muestra del creciente poder económico mundial de China, pero su contenido es también muy encomiable.
Hace un siglo casi todas las monedas del mundo estaban ligadas al oro, y las que no, en su mayoría, a la plata. Las monedas eran fácilmente intercambiables; el oro fijaba los tipos de cambio y el suministro de oro físico estabilizaba a largo plazo la oferta de dinero.
El patrón oro se desplomó tras la Primera Guerra Mundial. La financiación de la guerra con papel moneda sin aval originó una inflación generalizada. Las naciones europeas intentaron reanudar el patrón oro en el decenio de 1920 pero la oferta de oro era insuficiente e inelástica. Tras eso vinieron una feroz restricción monetaria y una competencia entre los países por las reservas limitadas de oro; ambas tendencias contribuyeron a la Gran Depresión. Después de la Segunda Guerra Mundial, las naciones adoptaron el patrón oro-dólar. Al dólar estadounidense lo avalaba el oro, a 35 dólares la onza, mientras que a las monedas del resto del mundo las avalaban los dólares. La oferta monetaria global podía expandirse gracias a las reservas de dólares.

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