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  • Investigación y Ciencia
  • Marzo 2015Nº 462

Salud

El Ártico enferma

El calentamiento del polo está debilitando a sus moradores, desde el buey almizclero hasta los cada vez más numerosos pobladores humanos.

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Las nutrias marinas que retozan en las aguas de las islas Aleutianas deberían prosperar en su remoto hogar, lejos de la civilización. Pero estos juguetones animales atraviesan dificultades. En menos de una década la población de estas islas y del sudoeste de Alaska ha sufrido un alarmante descenso del 70 por ciento.

Con el fin de descifrar las causas del declive, el equipo de investigación de Tracey Goldstein, de la Universidad de California en Davis, emprendió la búsqueda de enfermedades. Y lo que descubrieron resultó inquietante: indicios del virus del moquillo focino. En los últimos veinte años, el patógeno ha matado a más de 50.000 focas en las costas europeas y parece haber ocasionado la muerte de otras en la costa oriental de Canadá y EE.UU. Pero nunca se había hallado en el Pacífico norte: ¿cómo ha ido a parar allí?

Las pesquisas señalaron pronto hacia el hielo del Ártico o, mejor dicho, a la ausencia de este. En 2002, cuando la última gran epidemia de moquillo azotó el norte de Europa, la banquisa que en verano cubre el Ártico alcanzó una extensión ínfima. Goldstein supuso que la fusión del casquete había abierto el legendario Paso del Noroeste a las enfermedades e hizo posible que un mamífero marino infectado en el Atlántico, como una foca ocelada, o sus heces, entrase en contacto con mamíferos marinos del Pacífico norte y transmitiera el virus a las nutrias. El fragmento del virus hallado en las nutrias de las Aleutianas es idéntico al del brote de 2002 en Europa.

No todos aceptan esta teoría; pero, de ser cierta, los mamíferos del Ártico y del Pacífico, en particular las focas comunes, podrían ser las próximas víctimas del virus. Goldstein, responsable del Laboratorio de Vigilancia y Diagnóstico Sanitario de los Ecosistemas Marinos de la universidad, está convencida. Más aún, en el Paso del Noroeste están confluyendo otras especies (o sus deyecciones), lo que posiblemente provocará el contagio de nuevas enfermedades. En verano de 2010 tuvo lugar un encuentro entre ballenas boreales del Atlántico y del Pacífico —marcadas y seguidas por satélite—, un hecho que quizá no se había producido desde el inicio del Holoceno, hace 12.000 años.

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