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1 de Marzo de 2015
Calentamiento global

Es hora de abandonar el objetivo de los 2oC

La temperatura media global no refleja el estado de salud del planeta. La política climática debería prestar atención a todo un abanico de signos vitales.

THINKSTOCK/ANDREA DANTI

En síntesis

Para evitar graves trastornos climáticos, debe cesar el aumento de las emisiones de dióxido de carbono.

Resulta eficaz gravar con impuestos las emisiones de carbono, pero consideraciones políticas desaconsejan tal solución en EE.UU. Sería más práctico un mercado federal de «topes y transacciones», en el que los contaminadores adquieran derechos de emisión y elijan la manera de cumplir sus objetivos de reducción.

Para que logren sus propósitos, debe vigilarse los mercados del sistema de topes y transacciones con mucha atención. No pueden realizar su labor sin políticas complementarias relativas a las emisiones. Un análisis detallado del actual mercado del carbono en la Unión Europea ofrece ideas interesantes.

Desde hace casi una década, la diplomacia internacional se ha centrado en mantener el calentamiento global por debajo de los dos grados Celsius con respecto a los valores preindustriales. Esta meta, tan atrevida como fácil de entender, ha sido aceptada sin crítica y se ha demostrado muy influyente.

En lo tocante a la mitigación de emisiones, el quinto informe de evaluación del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) se enmarca en la consecución de dicho objetivo. Lo mismo ocurre con casi cualquier política encaminada a reducir las emisiones de carbono, ya sea en California o en la Unión Europea. A finales de este año tendrá lugar en París la 21.a Conferencia Internacional sobre Cambio Climático; una vez más, con el objetivo declarado de evitar un calentamiento superior a los 2 oC.

Es hora de que esa osada simplificación se enfrente a la realidad. El objetivo de los 2 oC está desencaminado tanto política como científicamente. Desde un punto de vista político, ha permitido que algunos Gobiernos finjan tomar cartas en el asunto cuando, en realidad, apenas han hecho nada para atenuar el calentamiento global. Y, para evaluar el impacto humano en el clima desde una perspectiva científica, existen mejores indicadores que la temperatura superficial media, básicamente estancada desde 1998 y muy poco relacionada con nada que Gobiernos o empresas puedan controlar de manera directa.

Esa incapacidad para establecer metas de relevancia científica ha provocado que investigadores y políticos lo tengan difícil a la hora de explicar cómo convertir las inversiones en resultados tangibles. Algunas de las reacciones de los «negacionistas» se han basado, en parte, en la obsesión de los legisladores por la temperatura global y en su falta de reacción ante los verdaderos peligros del cambio climático.

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