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1 de Marzo de 2015
Etología

La despensa del cascanueces

Ralf Hettler, Getty images

Cada año, en las postrimerías del invierno, los pollos del cascanueces común se abren paso a la vida rompiendo el cascarón, prestos a aprender con avidez de sus progenitores la manera de sobrevivir, como el modo de enterrar semillas durante todo el año. El cascanueces destaca entre los pájaros acaparadores porque recolecta las semillas de un solo árbol: el pino cembro de los Alpes y los Cárpatos. Esa exclusividad es mutua, ya que la conífera confía en él para diseminar sus piñones.

El problema estriba en que los piñones solo pueden recolectarse entre agosto y octubre. Si el cascanueces no presta atención, las semillas que entierre germinarán con rapidez y en pocas semanas o meses se convertirán en plantones, con lo que se echará a perder la despensa. Pero un nuevo estudio desvela el eficaz sistema de almacenamiento de este pájaro: elige escondrijos que alargan la conservación de los piñones, en cuyo seno el deterioro es mínimo.

La mayoría de las aves acaparadoras seleccionan con esmero los escondites, aunque nadie sabía exactamente de qué modo. La hipótesis predominante planteaba que escogían con preferencia lugares discretos que no llamaran la atención de posibles saqueadores. Eike Lena Neuschulz, investigadora posdoctoral en el Centro LOEWE de Investigación sobre Biodiversidad y Clima en Fráncfort, puso a prueba esa suposición hace poco. Ella y sus colaboradores ocultaron al azar 900 semillas de pino cembro en puntos de cinco microhábitats en los Alpes suizos orientales, entre otros, bajo el manto de nieve, a los pies de árboles o cerca de arbustos. Después dedicaron casi 400 horas a observar cómo los cascanueces escondían sus propios víveres.

Al comparar los escondrijos experimentales con los de las aves, Neuschulz descubrió que los cascanueces almacenaban a sabiendas los piñones en zonas donde era menos probable que germinasen, lugares muy umbríos o con el suelo seco. El equipo también observó que todas las despensas corrían el mismo riesgo de ser saqueadas, fuere cual fuere el entorno, según los resultados publicados en enero en el Journal of Animal Ecology.

«El pino cembro llega a vivir más de 500 años, así que no precisa una tasa de germinación muy alta para asegurar la viabilidad de la especie», aclara Neuschulz. Semejante longevidad explica por qué estos perennifolios confían en pájaros que entierran sus semillas en lugares donde tienen menos posibilidades de germinar: con el paso de los siglos la descendencia será igualmente numerosa, por mucho que cada año apenas germinen unos cuantos. Entretanto, los cascanueces han aprendido a emplear el entorno como un granero en el que conservar por mucho tiempo sus provisiones.

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