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  • Abril 2019Nº 511
Cartas de los lectores

Biología evolutiva

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Cartas de los lectores: Consciencia y yo

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En «El problema más difícil» [Investigación y Ciencia, noviembre de 2018], Susan Blackmore considera el debate sobre la naturaleza de la consciencia humana y la manera en que esta podría diferir de lo que experimentan otros animales.

Resulta difícil no antropomorfizar un comportamiento animal cuando observamos lo que parece ser una actividad creativa en algunas especies de primates no humanos y quizás en otros animales. Tal vez merezca la pena postular que la creatividad podría ser una marca de la consciencia, pues todo animal que exhi­ba un comportamiento creativo deberá poseer una capacidad de autorreflexión, así como la de interpretar el entorno y el papel que desempeña en él.

Robert Rodgers
Profesor emérito de farmacia, Universidad de Rhode Island


Blackmore sostiene que los animales carecen del «yo» consciente que poseemos los humanos. Si es así, ¿cómo explicar la capacidad de planificar que exhiben algunos de ellos, como las ardillas que guardan nueces para el invierno o los perros que entierran huesos? Ambos comportamientos parecen exigir el sentimiento de un «yo» persistente que, en el futuro, seguirá estando ahí y tendrá hambre.

John Orlando

 

RESPONDE BLACKMORE: Sobre la pregunta de Rodgers, que la creatividad pudiera constituir un indicador de actividad consciente parece obvio cuando pensamos en cuervos que fabrican herramientas o en orangutanes artistas. Sin embargo, ¿qué decir de los pájaros ptilonorrínquidos que, de manera instintiva, decoran construcciones muy elaboradas? ¿Y de los algoritmos de aprendizaje profundo que escriben artículos? Ahí la noción de que la creatividad exige una facultad de autorreflexión falla: es seguro que los algoritmos no se entregan a ella.

Orlando sostiene que las ardillas necesitan «el sentimiento de un “yo” persistente» para almacenar nueces. Aunque esto puede ser cierto en el caso de una persona que guarda alimentos en la nevera, la capacidad de las ardillas para esconder nueces es heredada, y el animal no necesita saber por qué hace lo que hace.

Todos nos dejamos engañar con facilidad por intuiciones tan poderosas como falsas sobre nuestro yo. El yo es una de las muchas construcciones del cerebro, no su controlador.

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