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  • Investigación y Ciencia
  • Abril 2019Nº 511
Cartas de los lectores

Astrofísica

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Cartas de los lectores: Inteligencia solitaria

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En «Solos en la Vía Láctea» [Investigación y Ciencia, noviembre de 2018], John Gribbin argumenta de manera brillante a favor de la posibilidad de que los seres humanos seamos la única forma de vida inteligente de toda la galaxia. No obstante, los mismos procesos que en su día permitieron que la vida acabara emergiendo en nuestro planeta siguen produciéndose hoy. Dado que nuestra galaxia continúa evolucionando, cabe esperar que las probabilidades de que dicha situación se repita aumentarán en el futuro.

Greg Konesky
Hampton Bays, Nueva York


Las suposiciones de Gribbin son ridículas. Nuestra galaxia tiene un diámetro de unos 100.000 años luz. Las primeras señales de radio de la humanidad se emitieron hace unos 120 años, por lo que la respuesta de una civilización que viviese a tan solo 65 años luz aún estaría viajando hacia nosotros. Además, ¿cuán lejos podrían llegar nuestras señales antes de tornarse demasiado débiles y dispersas para que nadie pudiera reconocerlas?

Art Cassel
Riverside, California


En la infografía «Cadena de coincidencias» que acompaña al artículo de Gribbin falta un eslabón: en el momento de la gran explosión que dio origen a nuestro universo, surgieron también todas las leyes de la naturaleza. Algunas teorías proponen la existencia de una cantidad exorbitante de otros universos. De ser así, un aspecto reseñable es que nuestro universo tuviese ya desde el principio todas las propiedades correctas para permitir la cadena de eventos posteriores.

Michael Tyler
Rochester, Michigan


RESPONDE GRIBBIN: Konesky tiene razón cuando afirma que los humanos podríamos ser la primera civilización tecnificada de la galaxia, pero no la única. En tal caso la pregunta es: ¿seguiremos estando aquí cuando surjan las otras?

Cassel parte de la suposición habitual de que las ondas de radio u otras señales electromagnéticas serán las que nos brinden la primera prueba de la existencia de otras civilizaciones en la galaxia. Sin embargo, el mejor método para explorar la Vía Láctea no sería ese, sino construir sondas capaces de autorreplicarse. Conocidas como «máquinas de Von Neumann», dichas sondas podrían viajar a otras estrellas y hacer copias de sí mismas a partir de los materiales que encontrasen a su alrededor. Dado que el número de máquinas crecería de manera exponencial, bastarían unos pocos millones de años para que acabaran visitando todas las estrellas de la galaxia. El coste de un proyecto así sería similar al del telescopio espacial James Webb, ya que, después de que partieran las primeras máquinas, las demás no conllevarían ningún gasto. Así pues, la llamada «paradoja de Fermi» (si hay otras civilizaciones en la galaxia, ¿por qué no han llegado hasta nosotros?) sigue siendo hoy tan penetrante como siempre.

Tyler hace una excelente observación en la que, por falta de espacio, no pude entrar en el artículo. La cuestión de por qué nuestro universo parece ser «perfecto» constituye, de hecho, un rompecabezas teórico y es uno de los temas tratados en mi libro In search of the multiverse («En busca del multiverso»; Allen Lane, 2009).

Puede conseguir el artículo en:

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