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  • Investigación y Ciencia
  • Abril 2019Nº 511
Panorama

Política científica

Cómo mejorar la financiación de la investigación teórica

Asignar becas en función de proyectos sobre el trabajo futuro carece de sentido en las disciplinas teóricas. Un modelo matemático del sistema científico permite explorar políticas de financiación alternativas y mucho más eficientes.

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Cada vez más, universidades e institutos científicos exigen a sus empleados que consigan ayudas para la investigación. Estas becas, otorgadas por organismos nacionales o europeos, las utiliza el científico para pagar su propio sueldo y el de los miembros de su grupo. La concesión de tales ayudas se rige por un sistema de presentación de proyectos: el solicitante debe avanzar a la autoridad competente cuáles serán los objetivos de su investigación para los próximos cuatro o cinco años. Pero no solo eso: debe también explicar cómo piensa alcanzarlos. Esta segunda parte recibe el nombre de «metodología».

A primera vista, lo anterior parece un modelo razonable para asignar fondos, ya que permite financiar cualquier experimento científico. En tal caso, el objetivo consiste en verificar las predicciones de una teoría, mientras que la metodología corresponde al diseño del experimento. Pasar del diseño a la realización práctica requiere fondos y varios años de trabajo. Es lógico, pues, financiar la investigación experimental con este tipo de becas.

Sin embargo, no toda investigación es experimental. ¿Se ha preguntado el lector de dónde procede la teoría que los experimentadores intentan verificar? Viene de la cabeza de investigadores teóricos: personas como científicos computacionales, economistas, matemáticos y físicos teóricos.

El modelo de financiación que acabamos de describir deja de lado a todos ellos. La razón se debe a que, como explicaremos a continuación, redactar proyectos de investigación en disciplinas teóricas no tiene ningún sentido. Como consecuencia, adjudicar dinero basándose en ellos da como resultado un procedimiento costoso e ineficiente.

Hemos llegado a esta situación porque hasta ahora los mecanismos de financiación de la ciencia no se han decidido de forma científica. Para salir de esta crisis, hace falta un debate científico abierto sobre las ayudas a la investigación. Necesitamos una teoría de la investigación científica: una teoría con modelos, hipótesis y experimentos.

En un trabajo reciente y aceptado para su publicación en la revista PLOS ONE hemos propuesto un modelo de tales características. Nuestros resultados sugieren algunos mecanismos que, sin recurrir al sistema actual basado en proyectos, podrían mejorar notablemente la producción científica en las disciplinas teóricas.

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