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Actualidad científica

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  • Investigación y Ciencia
  • Abril 2019Nº 511

Planetas

El exoplaneta vecino

¿Qué puede enseñarnos Venus sobre los planetas situados más allá del sistema solar?

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En 1982, la cancelación de la última gran misión de la NASA, VOIR (Radar de Imágenes en Órbita alrededor de Venus), acaparaba las conversaciones en el Departamento de Ciencias Planetarias del Instituto de Tecnología de Massachusetts. Por entonces, una de las autoras de este artículo (Dyar) hacía allí el doctorado. Los doctorandos lloraban por los pasillos y el personal docente negaba con la cabeza. El Gobierno de Ronald Reagan, recientemente elegido presidente de EE.UU., había aprobado drásticos recortes en exploración espacial, y VOIR se hallaba entre las víctimas.

Sin embargo, los científicos no tardaron en diseñar una nave espacial mucho más barata a partir de material sobrante y, milagrosamente, lograron salvar la misión. En 1989, la sonda Magallanes partió hacia Venus, y en 1990 entró en órbita. Durante los cinco años siguientes proporcionó imágenes de radar, datos gravimétricos y un mapa topográfico a escala casi global del segundo planeta más cercano al Sol. Aquella era la última de una larga serie de misiones soviéticas y estadounidenses a nuestro planeta vecino. Pero, cuando Magallanes se precipitó sobre la superficie de Venus en 1994, la contribución de la NASA a la exploración de este planeta llegó también a su fin. Desde entonces, los científicos han propuesto más de 25 misiones para regresar allí; pero, aunque algunas han recibido buenas puntuaciones en el proceso de evaluación, ninguna ha sido aprobada. Nuestro conocimiento de la geología de Venus sigue basándose en los datos reunidos hace décadas por la sonda Magallanes.

Pero un planetólogo nunca se rinde y, pese a todo, hemos seguido profundizando en los secretos del planeta. Tras Magallanes, las agencias espaciales europea y japonesa han enviado exitosas misiones a Venus que han permitido grandes progresos en la comprensión de su atmósfera. Mientras, los científicos han reescrito los libros de texto sobre nuestro planeta hermano a partir de nuevos análisis de los datos de Magallanes. Hoy pensamos que los volcanes proliferan en Venus, e incluso hemos hallado indicios de una incipiente tectónica de placas, un proceso que los científicos consideran fundamental para la habitabilidad de un planeta. Nuevos modelos teóricos indican también que Venus podría haber albergado agua líquida en la superficie hasta hace relativamente poco y, por tanto, haber presentado condiciones adecuadas para la vida durante mucho más tiempo del que pensábamos.

Todo ello coincide con otro asombroso avance astronómico: el descubrimiento de miles de exoplanetas en torno a otras estrellas, muchos de ellos muy similares a Venus en cuanto a su tamaño y distancia orbital. Todo lo que aprendamos sobre nuestro planeta vecino podría ayudarnos a entender mejor esos mundos remotos e inaccesibles. En concreto, si lográramos averiguar si Venus presentó alguna vez las condiciones necesarias para albergar vida y cuándo lo hizo, conoceríamos mejor las probabilidades de encontrar seres vivos en la miríada de cuerpos semejantes a Venus que existen en la Vía Láctea.

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