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1 de Abril de 2019
Cronobiología

El reloj intracelular

La expresión de los genes sigue un ciclo diario. Este conocimiento puede aprovecharse para determinar el mejor momento del día para administrar un fármaco.

MARK ALLEN MILLER

En síntesis

Se estima que el 82 por ciento de los genes de los mamíferos se expresa con un patrón cíclico de subidas y bajadas, lo que significa que la biología tiene una faceta horaria.

El abanico de implicaciones para la medicina es muy amplio. Entre los 100 fármacos más corrientes, 56 actúan sobre proteínas que se expresan rítmicamente. Por lo tanto, es importante la hora a la que se administran.

En el campo emergente de la cronomedicina se están investigando diversos tratamientos horarios de enfermedades como el cáncer y la artritis reumatoide para elevar al máximo su seguridad y eficacia.

El estudio personalizado de los ritmos circadianos podría demostrar que el momento óptimo del tratamiento es diferente para cada persona. La cronomedicina todavía no ha llegado a la práctica clínica.

En la madrugada de una noche medieval, un monje comienza a respirar con dificultad y a gritar atemorizado. Sus hermanos llaman al curandero, que trata de consolarlo como puede porque sabe que el asma es una fiera nocturna. Pero en este escenario hipotético, que podría haber tenido lugar en miles de oscuros cuartos y dormitorios a través de los años, lo único que se podía hacer era esperar a que los síntomas remitieran.

Gracias a los antiguos tratados de medicina, ahora sabemos que los médicos conocían desde hace mucho que determinados trastornos presentan variaciones diarias. En el siglo v, el médico romano Caelius Aurelianus describió que los ataques de asma eran más frecuentes por la noche. En 1568, el médico alemán Christopher Wirsung llegó a acotar que se producían entre las dos de la madrugada y el amanecer. También se advirtió que la tensión arterial, la frecuencia cardíaca, y el comienzo del dolor torácico y los infartos de miocardio seguían un cierto ritmo.

Por supuesto, tenemos constancia de esas astutas observaciones junto con otras sugerencias que quedaron relegadas a la medicina tradicional. Las instrucciones de Aurelianus, por ejemplo, para los que tuvieran otitis eran que se cubrieran la zona con una pasta hecha de azafrán, vinagre, mirra, membrillo y otras sustancias que podrían o no servir de algo. Wirsung defendía con firmeza que lo hediondo era malo para el corazón.

Hasta unos siglos más tarde, los científicos no comenzaron a barajar la posibilidad de que podríamos aprovechar los ritmos del cuerpo para obtener beneficios terapéuticos. El biólogo Franz Halberg fue pionero en el estudio de lo que él llamaba cronobiología: la fluctuación regular de los parámetros biológicos a lo largo del tiempo en cada persona e incluso en cada célula. Pero Halberg y otros cronobiólogos tuvieron primero que convencer a sus colegas y a la población de que la cronobiología era una ciencia seria. Cuando lo entrevistaron para la revista People en 1978, hacía furor un sistema denominado biorritmos, que utilizaba la fecha de nacimiento para generar un trío de líneas que subían y bajaban con regularidad y que pretendían representar los estados intelectual, físico y emocional. Los Dallas Cowboys, un equipo de fútbol americano, utilizaron los biorritmos para planificar las estrategias de juego. Los biorritmos habrían podido predecir el mortal infarto de corazón de Clark Gable. Durante algún tiempo, hubo quienes los usaban incluso para programar las relaciones sexuales, con la esperanza de influir en el sexo de los hijos.

 

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