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Las aves perciben los colores en categorías

Los humanos vemos los colores en categorías, como el rojo, e incluso distinguimos entre tonos de rojo, como el rubí o el carmesí. Ahora sabemos que las aves también cuentan con esa capacidad.

El diamante mandarín (Taeniopygia guttata) puede diferenciar entre colores parecidos, como los humanos. El hallazgo añade pruebas a las hipótesis que defienden que la percepción del color posee una base biológica y no cultural. [© Cimino73/iStockphoto/Getty Images]

La cantidad de información que captamos cada segundo con los órganos sensoriales resultaría abrumadora si no fuéramos capaces de clasificarla. La percepción del color es un buen ejemplo de este fenómeno. Cuando seleccionamos fresas, distinguimos sin problemas entre el color de la fruta todavía verde y la gran variedad de tonos de rojo que indica que la fresa está madura. Hace poco, Eleanor M. Caves, de la Universidad Duke, y sus colaboradores han revelado que el diamante mandarín (Taeniopygia guttata) percibe también una gama continua de colores como pertenecientes a distintas categorías, un fenómeno que repercute en su capacidad de diferenciar colores parecidos. Aunque podemos discernir con facilidad los diversos tonos que adquieren las fresas maduras, tendemos a agruparlos y considerarlos equivalentes. Al comparar colores con igual grado de separación entre ellos, nuestra capacidad de percibir diferencias entre los que se sitúan en dos categorías distintas, como el rojo y el naranja, es mayor que cuando pertenecen a una misma categoría. Esta mayor capacidad de distinguir colores de clases diferentes se denomina percepción categórica de los colores.

Con anterioridad ya se había confirmado que las aves cuentan con los requisitos para poder captar los colores en distintas categorías. Nuestros ojos y los de nuestros parientes más cercanos han evolucionado de forma que presentan tres tipos de conos retinianos sensibles al color. Las aves poseen cuatro y muestran una extraordinaria capacidad de discriminación de los colores, incluida la región ultravioleta del espectro. Un estudio anterior revelador realizado por C. D. Jones, de la Universidad de Sussex, había aportado pruebas fehacientes de que las aves pueden agrupar ciertos colores y dividir la serie cromática continua en categorías. La pregunta que seguía sin responder era si esa capacidad afectaba al modo de percibir los colores semejantes y si les ayudaba a detectar diferencias importantes entre ellos. En su estudio, Caves y sus colaboradores examinaron si la capacidad de las aves de clasificar los colores repercute en su aptitud para diferenciarlos y si, por lo tanto, cuentan también con una percepción categórica de los colores.


Del rojo al naranja

Para ello, los autores crearon un ingenioso diseño experimental. Colocaron a hembras de diamante mandarín sobre un dispositivo con comida escondida bajo unos discos coloreados. El alimento solo se ubicaba bajo los discos bicolor, mientras que debajo de los de un solo color no había nada. Este experimento conductual permitió evaluar cuán bien podían detectar los pájaros las diferencias de color en virtud de su habilidad para localizar, en su búsqueda de alimento, los discos bicolor.

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