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  • Abril 2019Nº 511
Foro científico

Agricultura

Retos del desarrollo agrícola

Los avances técnicos que permitirían aumentar la productividad de los cultivos topan con el rechazo de una parte de la sociedad.

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En 1970, Norman Borlaugh recibió el Nobel de la paz por su contribución a la revolución verde. En su discurso de aceptación del premio manifestó que dicha revolución había supuesto un éxito en la lucha contra el hambre, pero alertó de que, si no se limitaba de alguna forma el crecimiento de la población, ese logro resultaría efímero. En aquel momento no se tenían en cuenta las repercusiones ambientales de la nueva agricultura. En 2005, en un discurso en la Universidad de Granada, Borlaugh se planteaba si sería posible alimentar a la población mundial sin destruir la Tierra. Y afirmaba que la humanidad poseía la tecnología para conseguirlo. Han pasado catorce años y cabe preguntarse cuál es el estado actual de esa cuestión, además de otras que han surgido en torno a ella. ¿El problema del hambre en el mundo es meramente técnico o es más bien económico y político? ¿La agricultura intensiva supone una amenaza para el ambiente? ¿La agricultura ecológica tiene la capacidad de proveer los alimentos necesarios con un menor coste ambiental?

Las estadísticas nos muestran cómo, después de varias décadas de avances en la lucha contra la desnutrición, la tendencia se ha invertido en los últimos tres años. En 2017, el número de personas desnutridas ascendía a 820 millones, una cifra semejante a la de hace casi una década. De acuerdo con recientes declaraciones de José Graziano da Silva, director general de la FAO, los conflictos armados son la causa principal del hambre en el mundo. La incapacidad de reducirla está estrechamente relacionada con la inestabilidad de los Gobiernos y el aumento de la violencia, particularmente en el África subsahariana. El cambio climático es la segunda causa de las crisis alimentarias. Las temperaturas siguen aumentando y son cada vez más extremas. El número de desastres relacionados con el clima extremo (golpes de calor, sequías, inundaciones y tormentas) se ha duplicado desde principios de la década de los noventa. Teniendo en cuenta el origen de esas problemáticas, considero que es responsabilidad de los políticos tomar las medidas necesarias para hacerles frente y mitigar así las hambrunas.

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