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La fragancia de las plantas

Lo que percibimos como un olor fragante constituye en realidad una refinada herramienta que utilizan las plantas para atraer polinizadores, disuadir a microorganismos y ahuyentar a los depredadores.
Los olores tienen la virtualidad de transportarnos a situaciones profundamente asentadas en nuestra memoria. El leve perfume de una planta nos trae a la mente experiencias de la infancia; evoca un sentido del tiempo y del espacio con mayor intensidad que cualquier otro estímulo. Nuestros antepasados conocían la capacidad de determinados olores de despertar emociones. Se mencionan algunos ejemplos en los textos religiosos: el Libro egipcio de los Muertos, los Vedas hindúes y la Biblia judeocristiana, entre otros. Y se emplean todavía sustancias aromáticas, sobre todo de origen vegetal, en ritos, perfumes, cosméticos y remedios caseros.
Una esencia vegetal se compone de algunos de los miles de metabolitos de la planta. Su fragancia se debe a moléculas orgánicas con una presión de vapor elevada. Esa propiedad física significa que, aunque un componente de la esencia se encuentre en forma líquida o sólida (la mayoría de las veces disuelto en el líquido intracelular), a las temperaturas normales del crecimiento de la planta, el componente en cuestión se evapora con facilidad al exponerse al aire.

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