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Plasmónica

Al comprimir ondas electromagnéticas en estructuras minúsculas, la nueva técnica quizá propicie chips ultrarrápidos y detectores moleculares ultrasensibles.
La luz es un maravilloso medio de transporte de información. El mundo está hoy cubierto de fibras ópticas, que guían señales de luz portadoras de caudalosos flujos de comunicaciones de voz e ingentes volúmenes de datos. Esta colosal capacidad ha llevado a profetizar que los dispositivos fotónicos --a través de los cuales se canaliza y manipula la luz visible y otras ondas electromagnéticas-- podrían llegar algún día a reemplazar a los circuitos electrónicos de los microprocesadores y de otros componentes informáticos.
Por desgracia, el tamaño y el rendimiento de los dispositivos fotónicos está limitado por la difracción; además, las ondas de luz muy cercanas se interfieren y, por ello, el grosor de una fibra óptica que las conduzca ha de ser de al menos la mitad de la longitud de onda que tenga la luz al atravesar su material. En el caso de las señales ópticas en chips, que verosímilmente van a utilizar longitudes de onda de unos 1500 nanómetros, en el infrarrojo cercano, el grosor mínimo será mucho mayor que el de los dispositivos electrónicos más pequeños actualmente en servicio; en ciertos circuitos integrados de silicio hay transistores con elementos que miden menos de 100 nanómetros.

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