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Actualidad científica

  • 17/01/2019 - envejecimiento

    Nuestro ADN sabe cuántos años viviremos

    La identificación de ciertas variantes en el genoma permitiría predecir si una persona presentará mayor o menor esperanza de vida que la media de la población

  • 16/01/2019 - Oceanografía

    El cambio climático energiza las olas

    Cuanto más calientes estén los mares, más potentes serán en general las olas. Esta es una consecuencia inesperada del cambio climático. Sin embargo, ante Europa la tendencia apunta en sentido contrario.

  • 16/01/2019 - Envejecimiento

    Los insectos también envejecen

    Del mismo modo que los humanos, los grillos de campo sufren un deterioro físico a lo largo de la edad adulta, a pesar de vivir unas semanas.

  • 15/01/2019 - aprendizaje automático

    ¿Una nueva forma de inteligencia artificial?

    Los investigadores presentan un nuevo modelo de aprendizaje automático que en vez de a las capas de las redes neuronales profundas recurre a una «caja negra» que resuelve ecuaciones diferenciales.

  • 15/01/2019 - DOLOR

    ¿Por qué la percepción del dolor varía según el sexo?

    La testosterona, el estrés y la memoria serían los factores responsables de la hipersensibilidad masculina.

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  • Investigación y Ciencia
  • Junio 2007Nº 369

Epidemiología

¿Se puede curar la rabia?

La supervivencia de una adolescente que contrajo la rabia podría indicar el camino hacia un tratamiento eficaz.
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La rabia constituye una de las enfermedades más antiguas y temidas. Ataca el cerebro. Provoca inquietud, pánico y convulsiones. Las víctimas padecen dolorosos espasmos en la garganta cuando comen o beben. Luego viene la parálisis. Las personas infectadas por la rabia permanecen conscientes de forma intermitente casi hasta la muerte; transmiten su miedo y sufrimiento a familiares y cuidadores.
Aunque las vacunas contra el virus de la rabia evitan que se desarrolle la enfermedad, hasta hace poco los médicos no podían albergar ninguna esperanza para los pacientes que no habían sido inmunizados poco después de sufrir la mordedura de un animal rabioso. Una vez aparecían los síntomas de la infección (en los dos meses posteriores al mordisco), la muerte resultaba inevitable, generalmente en menos de una semana. Hasta que, en 2004, salvamos de semejante sino a una niña de 15 años, en el Hospital Infantil de Wisconsin, en Milwaukee.

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