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El gran error de Galileo

Cómo el gran experimentador creó el problema de la consciencia.

Galileo le muestra al dux su telescopio, 1609. [WIKIMEDIA COMMONS/DOMINIO PÚBLICO]

Si un árbol cae en un bosque y no hay nadie allí para verlo, ¿hace algún sonido? Uno podría pensar que es un antiguo enigma filosófico. De hecho, el padre de la ciencia moderna, Galileo Galilei, dio una respuesta definitiva a esta pregunta en el siglo XVII. Y la forma en que Galileo respondió esta cuestión conformó los fundamentos filosóficos de la cosmovisión científica que sigue vigente hoy. Además, hay un gran problema en el núcleo de esta cosmovisión científica: hace imposible una ciencia de la consciencia.

Un momento clave en la revolución científica fue la declaración de Galileo de que las matemáticas habían de ser el lenguaje de la nueva ciencia; la nueva ciencia había de tener un vocabulario puramente cuantitativo. Este es un momento muy comentado. Lo que se ha discutido menos es el trabajo filosófico que Galileo tuvo que llevar a cabo para llegar a este punto. Antes de Galileo, la gente pensaba que el mundo físico estaba lleno de cualidades: había colores en la superficie de los objetos, sabores en la comida y olores flotando en el aire. El problema es que estas clases de cualidades no pueden atraparse en el vocabulario puramente cuantitativo de las matemáticas. No puede plasmarse el sabor picante del pimentón, por ejemplo, en una ecuación. Esto suponía un desafío para la aspiración galileana de describir por completo el mundo físico en términos matemáticos.

La solución de Galileo fue proponer una teoría filosófica de la realidad radicalmente nueva. Según esta, las cualidades no están realmente en el mundo exterior; por el contrario, se hallan en la consciencia del observador. La rojez del tomate no está realmente en la superficie del tomate, sino más bien en la consciencia de la persona que la percibe; el sabor picante del pimentón no está realmente en el pimentón, sino en la consciencia de la persona que lo degusta. Volviendo al ejemplo con el que comenzábamos, cuando un árbol se derrumba en un bosque, el ruido que hace al caer no está realmente en el bosque, sino en la consciencia de un espectador. Sin espectador, sin consciencia, no hay sonido.

Galileo, por así decirlo, despojó al mundo físico de sus cualidades. Y después de haber hecho eso, todo lo que quedaba eran las propiedades puramente cuantitativas de la materia (tamaño, forma, posición, movimiento), propiedades que pueden plasmarse en la geometría matemática. En la cosmovisión de Galileo hay, pues, una división radical entre dos mundos: por un lado, el mundo físico, con sus propiedades puramente cuantitativas, que es el dominio de la ciencia; por otro, el mundo de la consciencia, con sus cualidades, que está fuera del dominio de la ciencia.

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