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El límite meridional de la última glaciación

Unos arácnidos cavernícolas ayudan a cartografiar hasta dónde se extendió el hielo.

Los puntos señalan el hábitat actual de los opiliones estudiados. [FUENTE: «TRACKING THE ICE: SUBTERRANEAN HARVESTMEN DISTRIBUTION MATCHES ANCIENT GLACIER MARGINS», STEFANO MAMMOLA ET AL., EN JOURNAL OF ZOOLOGICAL SYSTEMATICS AND EVOLUTIONARY RESEARCH, VOL. 57, 17 DE ENERO DE 2019; MAPPING SPECIALISTS]

El hogar actual de unos opiliones propios de las cuevas resigue el límite meridional que los glaciares alcanzaron en el auge de la última gran glaciación, hace 22.000 años, apunta una nueva investigación. «Tal vez sea posible reconstruir ese máximo glacial estudiando la distribución de estos arácnidos», explica Stefano Mammola, ecólogo en el Instituto de Hidrología del Consejo Nacional de Investigación italiano y autor principal del trabajo, publicado el pasado agosto en Journal of Zoological Systematics and Evolutionary Research.

A los opiliones, vulgarmente llamados segadores, se les confunde a menudo con las arañas. Algunos, armados de grandes pedipalpos prensiles, habitan en grutas húmedas y frías de los Pirineos, los Alpes y los Balcanes, que conforman una estrecha franja que atraviesa Europa de oeste a este. Mammola y sus colaboradores han comparado esa área de distribución con modelos geológicos del casquete helado de la última glaciación y han comprobado que esa franja coincide casi exactamente con el límite sur de los glaciares, con solo ligeras variaciones.

Afirma que los arácnidos seguramente no habrían sobrevivido si el hielo hubiera cubierto sus grutas, pero que tampoco habrían soportado las temperaturas más cálidas al sur del casquete. (Desde entonces, la temperatura ha ascendido en el interior de las cuevas pero, según Mammola, de forma progresiva, por lo que se han podido adaptar.) «Hubo un equilibrio entre las condiciones frías y una gruta que no quedó cubierta en su totalidad», destaca. «Lo que vemos ahora es justamente el trazo de una distribución que fue más extensa en el pasado.»

Mercedes Burns, bióloga en la Universidad de Maryland en Baltimore y especialista en opiliones, cree desde la distancia que tiene sentido que el área de distribución de esos arácnidos siga aún ese antiguo límite. «Es buena idea recurrir a la presencia de esas especies para seguir el rastro de cambios geográficos dilatados en el tiempo, pues debido a su escaso desplazamiento, tanto durante su vida como entre generaciones, son indicadoras de la variación geográfica.» Añade que otros han demostrado que algunas plantas reflejan de modo similar la geografía pretérita. Según Mammola, cartografiar la distribución de especies subterráneas como los opiliones y otros artrópodos puede servir como prueba complementaria para quienes investigan las condiciones paleoclimáticas.

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