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El peor escenario climático posible no es el más probable

El futuro del planeta ya es crítico. Exagerar las consecuencias del calentamiento global puede hacer que su mitigación parezca más difícil de lo que es.

El abaratamiento y la consecuente proliferación de las energías solar y eólica ha contribuido a moderar las emisiones de carbono, una tendencia que no parece que vaya a revertirse en el futuro. [GETTY IMAGES/MIMADEO/ISTOCK]

Hace más de una década, los climatólogos y los expertos en modelos energéticos tomaron una decisión sobre la manera de describir el efecto de las emisiones de gases de efecto invernadero en el clima futuro de la Tierra. Hoy, esa elección ha dado lugar a consecuencias imprevistas que están suscitando un acalorado debate. Creemos que el momento actual, previo a la finalización del Sexto Informe de Evaluación (AR6, por sus siglas en inglés) del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), ofrece una buena ocasión para volver a poner las cosas en su sitio.

Durante la preparación del Quinto Informe de Evaluación (AR5) del IPCC, publicado en 2014, se desarrollaron cuatro escenarios para describir cómo podrían ser las emisiones y el calentamiento planetario hasta 2100. Los distintos casos fueron bautizados con un nombre llamativo: Trayectorias de Concentración Representativas (RCP, por sus siglas en inglés). Uno de ellos, denominado RCP2,6, describe un mundo en el que el calentamiento se mantiene por debajo de los 2 grados centígrados con respecto a las temperaturas preindustriales (algo a lo que más tarde se comprometerían las naciones en el Acuerdo de París, adoptado en 2015). Otro considera un futuro distópico caracterizado por la quema intensiva de combustibles fósiles y carente de medidas políticas para atemperar el cambio climático. Este último escenario, llamado RCP8,5, nos aboca a un calentamiento de casi 5oC a finales de siglo.

El propósito original del RCP8,5 era explorar cómo podría ser un futuro arriesgado y poco probable. Sin embargo, ha sido ampliamente usado por parte de algunos expertos, responsables políticos y medios de comunicación como algo completamente distinto: como una predicción de lo que probablemente ocurrirá si nadie toma medidas para paliar el calentamiento. Una parte considerable de las publicaciones sobre impactos climáticos ha estado presentando el escenario RCP8,5 como sinónimo de qué sucederá «si nada cambia» (business as usual), dando a entender que dicha proyección describe el resultado más probable si no se aplican políticas de mitigación climática. Los medios de comunicación han amplificado a menudo este mensaje, en ocasiones sin entrar en matices. Ello ha creado una confusión aún mayor sobre las posibles consecuencias de las emisiones, dado que numerosos climatólogos no están familiarizados con las publicaciones sobre modelos energéticos ni con los detalles que implica cada escenario.

Todo lo anterior se torna especialmente problemático cuando se compara el peor de los casos posibles con el más optimista, particularmente en trabajos académicos de alto nivel. Estos incluyen algunos informes del IPCC, como el AR5 y el informe especial publicado el año pasado sobre la repercusión del cambio climático en los océanos y la criosfera. Eso provoca que la atención se centre en los extremos, en lugar de en la multitud de caminos intermedios y más probables.

Felizmente —y esta es una palabra que rara vez usamos los climatólogos—, el mundo vaticinado por el RCP8,5 es uno que, en nuestra opinión, se torna más y más inverosímil con cada año que pasa. Para que las emisiones conduzcan a la situación contemplada en el RCP8,5, la quema de carbón tendría que experimentar un aumento sin precedentes y quintuplicarse de aquí a finales de siglo. Ello implicaría usar más carbón del que algunas estimaciones consideran que queda disponible en el planeta. Se cree que el consumo global de este combustible alcanzó su máximo en 2013. Y aunque un aumento todavía es posible, numerosos pronósticos prevén que se estabilizará en las próximas décadas. A ello hay que sumar que el abaratamiento experimentado por las energías limpias tiene pocos visos de revertirse, incluso en ausencia de nuevas medidas climáticas.

Una evaluación de las políticas actuales indica que el planeta se está encaminando hacia un calentamiento de 3oC para finales de siglo. Esto sigue siendo un resultado catastrófico, pero muy alejado de los 5oC. No podemos conformarnos con 3oC, pero tampoco deberíamos obviar el progreso realizado hasta ahora.

Planificar el progreso

Algunos investigadores defienden que el escenario RCP8,5 podría ser más probable de lo que se pensó en un principio. Ello se debe a la existencia de varios procesos de retroalimentación (como la liberación de gases de efecto invernadero debida al deshielo del permafrost), los cuales podrían ser mayores de lo que estiman los modelos climáticos actuales. Tales expertos aducen que las emisiones presentes se hallan en consonancia con el peor de los escenarios posibles. Sin embargo, creemos que el historial de emisiones de la última década indica que estas se hallan en sintonía con los escenarios intermedios. En nuestra opinión, las voces críticas solo están considerando los casos extremos y suponiendo que todas las probabilidades están inclinadas hacia el peor de los resultados posibles.

Preguntarse qué es lo peor que podría ocurrir constituye un ejercicio útil, ya que alerta sobre los riesgos potenciales asociados a los extremos. En este sentido, el RCP8,5 aportó una manera conveniente de comparar modelos climáticos a lo largo de un extenso período de tiempo. Tal vez por ello, la comunidad dedicada a las simulaciones climáticas llegase a señalar que el RCP8,5 «debería considerarse la máxima prioridad».

Todos —desde físicos y expertos en modelización climática hasta comunicadores y responsables políticos— deberíamos dejar de presentar el peor de los casos posibles como el más probable. Exagerar la probabilidad de un futuro climático extremo puede hacer que las medidas de mitigación parezcan más difíciles de implantar de lo que realmente son. Eso puede conducir al derrotismo, al provocar que el problema se perciba como incontrolable e irresoluble. Y más importante aún, podría derivar en una planificación deficiente. Por el contrario, tomar como referencia un abanico de escenarios más realistas fortalecería la evaluación del riesgo climático.

Nada de esto resta urgencia a la acción climática. La necesidad de limitar el calentamiento a 1,5oC, como propugnaba el informe especial publicado por el IPCC en 2018, no depende de tener como contrapunto un calentamiento de 5oC.

 


Evaluaciones realistas

La proliferación de escenarios sobre emisiones futuras plantea todo un reto a quienes deben usar esos datos, desde responsables políticos hasta inversores. En 2014, el Quinto Informe de Evaluación del IPCC consideró más de 1200 escenarios. Y en 2018, el informe especial sobre un calentamiento de 1,5oC empleó otros 400. La mayoría de ellos toma como punto de referencia un mundo sin políticas climáticas a lo largo de un abanico de desarrollos socioeconómicos. A juzgar por nuestra experiencia trabajando con quienes usan estos escenarios, semejante abundancia de modelos confunde más que aclara, sobre todo en ausencia de una guía que permita asignar probabilidades relativas a cada escenario.

Otras organizaciones trabajan con menos casos. La Agencia Internacional de la Energía, por ejemplo, actualmente solo considera tres escenarios principales. El de Políticas Actuales indica lo que podría suceder con las emisiones si la situación presente no varía. El de Políticas Declaradas integra los actuales propósitos y objetivos políticos. Por último, el de Desarrollo Sostenible refleja las emisiones en un mundo acorde con las metas establecidas en el Acuerdo de París. Por su parte, el Informe sobre la Brecha de Emisiones elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente adopta un enfoque similar y compara los compromisos en reducción de emisiones alcanzados por los países con las trayectorias globales que limitan el calentamiento a menos de 2oC. Ninguna de estas influyentes instituciones se centra en el peor caso posible, sino que analizan el abismo entre el camino que el mundo está siguiendo y el que se ha acordado que debería seguir.

Para quienes toman decisiones en la vida real, considerar un escenario u otro resulta fundamental. Insistir en una adaptación al caso extremo reflejado en el RCP8,5, correspondiente a un calentamiento de 5oC en 2100, no casa bien con el objetivo de adaptarnos y reducir las vulnerabilidades a corto plazo. La mayoría de quienes usan los escenarios climáticos se preocupan más por el estado actual del mundo que por lo que podría haber ocurrido si el ritmo de emisiones globales no se hubiera enlentecido durante la última década. A quienes se centran en la mitigación les interesa aprovechar cualquier oportunidad emergente, como el abaratamiento de las energías renovables, así como evitar invertir en exceso en activos inutilizables pertenecientes a sectores industriales en extinción. Por ejemplo, les gustaría saber si, debido a la rápida disminución de costes de las energías renovables, invertir en combustibles fósiles podría convertirse en una actividad de alto riesgo. Si tomamos como referencia el RCP8,5, tales propósitos se vuelven inútiles, dado que dicho escenario implica que las políticas climáticas y el progreso tecnológico logrado hasta ahora van a detenerse o incluso revertirse.

A los responsables políticos, las medidas de mitigación basadas en los escenarios de altas emisiones, como el RCP8.5, les parecerán desmesuradas, puesto que no incorporan el desplome de los costes que a lo largo de la última década han experimentado numerosas tecnologías bajas en emisiones de carbono. Las inversiones marginales requeridas para pasar de un calentamiento de 3oC a uno inferior a 2oC (el principal objetivo de París) serán mucho menores que para pasar de 5oC a menos de 2oC. Un relato de progreso y oportunidad puede hacer que los objetivos del Acuerdo de París parezcan factibles en lugar de imposibles.

Hacia escenarios basados en riesgos

Cada vez más, quienes han de tomar decisiones a partir de la información que proporcionan los distintos escenarios exigen adoptar un enfoque basado en riesgos para facilitar la adaptación y la mitigación. Dicho enfoque tiene en cuenta las probabilidades relativas de los diferentes resultados. Y, de forma controvertida, requiere que los investigadores asignen probabilidades a los distintos escenarios. Hay voces críticas que rechazan este método, puesto que lo ven como un proceso arbitrario. Sin embargo, cuando los expertos se niegan a asignar probabilidades, a menudo son otros quienes lo acaban haciendo. Y la mayoría lo hará de manera deficiente, al carecer de conocimientos sobre los supuestos en que se basan los distintos escenarios.

En un principio, esas probabilidades no tienen por qué ser minuciosas. Incluso podrían limitarse a identificar el escenario más probable a partir de las tendencias y políticas actuales del sistema energético. Hoy los escenarios se seleccionan en función de sus resultados climáticos en 2100, no de sus probabilidades. Un enfoque probabilístico más complejo requeriría que quienes elaboran los modelos trabajasen de otra forma; por ejemplo, forjando nuevas alianzas con expertos en ciencias socialese integrando tanto a responsables políticos e inversores como a la industria.

Todo ello requerirá años de trabajo. Mientras tanto, durante el próximo año, en el período previo a la publicación del Sexto Informe de Evaluación (AR6) del IPCC, deberían darse tres pasos. La última generación de modelos climáticos acaba de ver la luz, y muchos investigadores ya están seleccionando qué escenarios de emisiones futuras deberían usar en sus trabajos.

 

 

En primer lugar, la nueva generación de escenarios, denominados Trayectorias Socioeconómicas Compartidas (SSP, por sus siglas en inglés) presenta un enfoque mucho más matizado de las situaciones de referencia, y los expertos del IPCC pueden destacar toda una serie de resultados en un mundo sin nuevas políticas climáticas. El AR6 debería analizar con más detalle el espacio que media entre los casos extremos, a fin de que los efectos climáticos que probablemente acabaremos experimentando puedan comunicarse con mayor claridad. Por ejemplo, un buen número de estudios indican que nos estamos dirigiendo hacia un mundo con un calentamiento de 3oC, por lo que sería prudente describir con detalle las repercusiones climáticas de dicho caso, además de las de un calentamiento de 5oC.

En segundo lugar, los científicos deberían admitir que los distintos usuarios de los modelos pueden necesitar herramientas diferentes. En el marco del AR6, ello podría requerir que los diversos grupos de trabajo (centrados en climatología, impactos y mitigación) destaquen distintos escenarios en sus análisis. De esta manera, la síntesis final del AR6 podría integrar diferentes perspectivas de riesgo.

Por último, sugerimos que los trabajos sobre impactos climáticos que usen los modelos desarrollados para el AR6 incluyan escenarios más plausibles, como el SSP2-4,5, SSP4-6,0 y SSP3-7,0 (véase el recuadro «Futuros posibles»). Y que cuando se use el RCP8,5 o su sucesor, el SSP5-8,5, se deje bien claro que se trata de un escenario poco probable que describe el peor de los casos posibles, no lo que probablemente ocurrirá en ausencia de medidas climáticas.

 

PARA SABER MÁS

The next generation of scenarios for climate change research and assessment. Richard H. Moss et al. en Nature, vol. 463, págs. 747–756, febrero de 2010.

RCP 8.5: A scenario of comparatively high greenhouse gas emissions. Keywan Riahi et al. en Climatic Change, vol. 109, págs. 33-57, noviembre de 2011.

The representative concentration pathways: An overview. Detlef P. van Vuuren et al. en Climatic Change, vol. 109, págs. 5-31, noviembre de 2011.

Paris Agreement climate proposals need a boost to keep warming well below 2oC. Joeri Rogelj et al. en Nature, vol. 534, págs. 631–639, junio de 2016.

The Shared Socioeconomic Pathways and their energy, land use, and greenhouse gas emissions implications: An overview. Keywan Riahi et al. en Global Environmental Change, vol. 42, págs. 153–168, enero de 2017.

Explainer: The high-emissions ‘RCP8.5’ global warming scenario. Zeke Hausfather en Carbon Brief, 21 de agosto de 2019. Disponible en www.carbonbrief.org/explainer-the-high-emissions-rcp8-5-global-warming-scenario

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