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Estiércol problemático

El uso de antibióticos en las vacas altera el ciclo del carbono.

Los antibióticos excretados por el ganado vacuno dificultarían la fijación del carbono por la vegetación. [GETTY IMAGES]

Desde que los animales de granja comenzaran a recibir antibióticos a mediados de los años 40 del siglo pasado, no ha cesado el debate en torno a la prudencia de esta práctica. Un estudio publicado el pasado diciembre en Ecology Letters suma una complicación: los agricultores esparcen estiércol en los campos para aportar carbono y otros nutrientes a los cultivos, pero el estudio muestra que las deposiciones de las vacas lecheras que han recibido dos tipos de antibióticos habituales alteran la composición de las bacterias y de los hongos del suelo. Estos cambios afectaron al modo en que las plantas «fijan» el dióxido de carbono atmosférico transformándolo en materia orgánica, un proceso que forma parte de las estrategias destinadas a mitigar el cambio climático.

Carl Wepking, ahora en la Universidad Estatal de Colorado, dirigió los experimentos como estudiante de grado. Cada mes acarreó sacos llenos de estiércol de vaca hasta un prado de Virginia y esparció 648 gramos por metro cuadrado de tres tipos de estiércol en tres parcelas. Al cabo de varios meses, cubrió las parcelas con cámaras de plexiglás durante siete días y bombeó en ellas dióxido de carbono marcado con un isótopo del carbono para seguir su rastro. Wepking explica que en la parcela de control el estiércol procedente de vacas no tratadas tuvo un efecto positivo extraordinario: las plantas crecieron con vigor reteniendo el carbono recién asimilado a través de la fotosíntesis, al igual que la microbiota del suelo. En cambio, las parcelas abonadas con estiércol de vacuno tratado con antibióticos desprendieron cerca del doble de carbono en forma de dióxido gaseoso. «Que se dé o no un antibiótico a las vacas cambia el modo en que el carbono se distribuye por las plantas. Es inaudito», explica.

El suelo alberga alrededor del doble de carbono que la atmósfera, por lo que cualquier mejora de su capacidad de almacenamiento contribuiría a paliar el cambio climático. Francesca Cotrufo, ecóloga especialista en suelos de la Estatal de Colorado pero ajena al estudio, afirma que los modelos de secuestro del carbono y del clima conceden cada vez mayor importancia al papel que los compuestos vegetales desempeñan en la capacidad de los microbios para almacenar carbono en el suelo. Si bien este estudio del estiércol no contempla el carbono que ya está almacenado, añade, la investigación de los efectos de los antibióticos sobre el carbono recién fijado es un «punto de vista tan novedoso como interesante, que sin duda merece atención».

Wepking sugiere que como dos antibióticos distintos (con modos de acción diferentes) redujeron la eficiencia en la asimilación del carbono, administrar esa clase de fármacos a las vacas podría anular los beneficios que el estiércol tiene para el clima. «Lo que hemos visto hasta ahora es que los efectos del estiércol en el suelo no son tan buenos como creíamos cuando este procede de ganado que ha recibido antibióticos», aunque «todavía resulta difícil afirmar» si dar esa medicación neutraliza o anula cualquier beneficio neto que este abono orgánico pueda tener en la captura de carbono. Pero es esencial averiguarlo, concluye: la cabaña bovina de EE.UU. excreta cada año en el ambiente hasta 13.000 toneladas de antibióticos, una cantidad que se prevé irá en aumento.

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