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Mejorar la audición con ruido de fondo

El ruido blanco ayudaría a quien lo escucha a distinguir sonidos similares.

THOMAS FUCHS

El procesamiento auditivo suele analizarse en entornos silenciosos y artificiales, pero en condiciones reales normalmente viene acompañado de un trasfondo sonoro, como el repiqueteo de los teclados, los murmullos de voces o la bocina de algún automóvil. Hace poco que los expertos se han lanzado a estudiar ese procesamiento en presencia de sonido ambiental, concretamente del monótono ruido blanco, similar al de la «nieve» de los viejos televisores analógicos.

Tania Rinaldi Barkat, neurocientífica en la Universidad de Basilea y una de las autoras del estudio, publicado el noviembre pasado en Cell Reports, opina que la conclusión parece ilógica: el fondo de ruido blanco, lejos de afectar a la audición, facilita que los ratones diferencien los tonos parecidos.

Es fácil reconocer las notas situadas en los extremos del teclado de un piano, pero si se tocan dos teclas contiguas, hasta el oído más fino puede tener problemas para distinguirlas. La razón es el modo en que la vía auditiva procesa los sonidos más simples, llamados tonos de frecuencia puros: las neuronas próximas entre sí responden a tonos similares, pero cada una responde mejor a una frecuencia concreta. El grado en que cada neurona responde a una frecuencia dada se denomina curva de sintonización.

Los investigadores han descubierto que reproducir el ruido blanco estrecha las curvas de sintonización de frecuencia de las neuronas en el cerebro del ratón. «En palabras sencillas: el ruido blanco de fondo que se emite continuamente con una intensidad sonora fija disminuye la respuesta de las neuronas a un tono reproducido por encima de ese ruido», explica Barkat. Y al reducir el número de neuronas que responden simultáneamente a la misma frecuencia, el cerebro discrimina mejor entre los sonidos similares.

A fin de averiguar si los ratones diferencian los tonos, recurrieron a un test de conducta en que los roedores han de reaccionar a una frecuencia específica. A semejanza los humanos, reconocen sin dificultad tonos muy distintos y tienen problemas con los similares, pero cuando se añadió el ruido blanco, supieron reconocer mejor estos últimos. Indagaron más midiendo la actividad neural en la corteza auditiva del ratón cuando se emitía el ruido blanco, además de estimular directamente ciertas neuronas para desencadenar el efecto supresor de la curva.

Futuras investigaciones deberán desentrañar los pormenores de este mecanismo, afirma Kishore Kuchibhotla, investigador del cerebro en la Universidad Johns Hopkins, ajeno al estudio. «Se sigue sin saber si guardará relación con la percepción humana y de qué modo», añade.

Es posible que entender este efecto ayude a mejorar algún día la audición de la gente. «Introducir ruido en el oído no servirá de nada para alguien que padezca hipoacusia», matiza Daniel Polley, experto en neurociencia de la audición en la Universidad Harvard, que no ha participado en el estudio. «Pero descubrir cómo puede rebajarse la hiperexcitabilidad en el cerebro de una persona con hipoacusia puede ser útil para reconocer sonidos entre el ruido, así como en otros trastornos relacionados, como los acúfenos o la hiperacusia [hipersensibilidad a los sonidos fuertes].»

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