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Teclados numéricos

Ruptura de simetría y leyes de irreversibilidad en la evolución de la tecnología.

Teclados invertidos: El teclado virtual de los teléfonos móviles (izquierda) presenta la fila de números 123 en la parte superior. Sin embargo, el de las calculadoras exhibe la disposición opuesta (derecha). ¿A qué se debe esa diferencia? [GETTY IMAGES/ET-ARTWORKS/ISTOCK]

Si compara la disposición del teclado numérico virtual de su teléfono móvil con el de la calculadora que lleva incorporada, se encontrará con una curiosa diferencia: el teclado para llamadas presenta la línea de teclas 123 arriba, mientras que el de la calculadora la sitúa abajo. Los teclados aparecen «invertidos», como podemos apreciar en la imagen inferior.

Eso mismo ocurre con las calculadoras electrónicas y los ya casi desaparecidos teléfonos digitales de teclas, que aparecieron prácticamente al mismo tiempo, a principios de los años sesenta del pasado siglo. Desde su nacimiento, los teléfonos presentaban la línea de teclas 123 arriba, y las calculadoras, abajo.

La hipótesis más extendida sobre el origen de esta divergencia cuenta que las calculadoras electrónicas heredaron la disposición de sus teclas de sus antecesores electromecánicos. Y que, cuando se hicieron los primeros tests de eficiencia con distintas configuraciones de teclas para teléfonos, se usó como sujetos de prueba a personal experto en teclear datos numéricos en calculadoras. Como las centralitas de teléfono de la época eran electromecánicas, la pericia de estos usuarios marcando en los teléfonos con teclado de tipo calculadora hacía que los pulsos fueran demasiado rápidos. Así que los ingenieros decidieron invertir las filas para que el marcaje de los usuarios fuera más lento y evitar así bloqueos en las centralitas. Esa disposición quedó congelada en el tiempo hasta nuestros días. Bonita historia, pero ¿es cierta?

 

Accidentes congelados

Antes de responder a la pregunta anterior, dejen que les cuente otra bonita historia. Los dos ostensibles cohetes laterales de la ya jubilada lanzadera espacial de NASA se fabricaban en la empresa Thiokol, sita en Utah. Se transportaban en tren desde la propia fábrica hasta Cabo Cañaveral, donde se acoplaban a la nave.

Los ingenieros hubieran preferido que los cohetes fueran más anchos, pero entonces su traslado habría sido imposible debido al tamaño de los túneles que atravesaba el ferrocarril. La anchura de los túneles estaba determinada por la de las vías férreas, que todavía hoy es de 1435 milímetros. ¿Y por qué se ajusta a esa cifra el tamaño de las vías de EE.UU.?

Las primeras vías del país fueron construidas por los británicos, que previamente habían utilizado esa medida en sus propias líneas. Y los primeros raíles en Inglaterra habían sido instalados por constructores de carros, quienes utilizaron las mismas especificaciones que usaban para la distancia entre ruedas. A su vez, dicha longitud quedaba establecida por la existencia de una gran cantidad de viejos caminos empedrados con roderas para empotrar las ruedas. El Imperio romano construyó una nutrida red de carreteras para asegurar los desplazamientos rápidos de sus legiones y el comercio con las provincias, y la distancia entre roderas se estipuló en función del tamaño de las ancas de dos caballos. Así pues, y por sorprendente que pueda parecernos, el tamaño de los cohetes propulsores de la lanzadera de la NASA, un producto tecnológico de la era espacial, estuvo determinado por una medida establecida hace más de 2000 años por el trasero de dos caballos.

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