Ingeniería aeronáutica

El cohete VASIMR

Disponíamos hasta ahora de dos tipos de cohetes: potente y devorador de combustible uno y de escasa potencia, aunque eficiente, el otro. Explicamos aquí los pasos dados hacia la creación de un tercero, que combina las ventajas de ambos.
Soñamos con ir a las estrellas. Los de mi generación pasamos la infancia, allá por los años cincuenta, imaginándonos que un día seríamos pilotos del espacio. Comprobé más tarde que aquella fascinación no era privativa de mi educación en Costa Rica. Muchos de mis actuales colaboradores, procedentes de distintas partes del mundo, relatan semejantes anhelos infantiles. En los últimos 50 años, he sido testigo del desarrollo de las primeras naves que han transportado al hombre allende los confines de la Tierra. En los últimos 20, he tenido la suerte de subir a bordo de alguno de estos cohetes y recibir una impresión de primera mano de las maravillas que imaginaba. Parece como si estuviésemos destinados a abandonar nuestro frágil planeta y desplazarnos en el cosmos en una nueva odisea humana. Esta empresa dejaría pequeña a la aventura colombina.
Aún carecemos de las naves necesarias para aventurarse hasta distancias lejanas en la inmensidad del espacio. Con los cohetes químicos actuales, un viaje a Marte tardaría diez meses en una nave espacial limitada y vulnerable. Habría poco sitio para la carga útil. La mayor parte de la masa de la nave se ocuparía con el agente propulsor, que se gastaría en unas pocas igniciones breves, dejando que la nave se desplazase por inercia durante un largo tramo del viaje. Si se tuviese que viajar hasta Marte en estas condiciones, la tripulación se resentiría bastante. Los meses de exposición a la ingravidez debilitarían músculos y huesos, y la radiación persistente del espacio exterior dañaría el sistema inmunitario.

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