Un mundo virtual a medida

Nacerán pasatiempos que sean realmente interactivos cuando los ingenieros y los artistas creen mundos virtuales que en su discurrir parezcan espontáneos.
Un día sofocante del verano de 2004. Conduzco, en medio de un intenso tráfico, mi nuevo coche -un Vehículo de Puro Entretenimiento, un VPE- camino del cam- pamento de verano de los niños. Miro por el retrovisor y veo un BMW descapotable que se nos viene encima. Me echo a la derecha para dejarlo pasar. Conducir sigue siendo para mí la aburrida tarea de siempre; para mis hijos, Jamie y Joy, el viaje es, sin embargo, una aventura, la que han escogido ellos mismos.
Desde el asiento trasero ven a ese deportivo lanzado como un Tyrannosaurus rex en estampida, que mueve las patas con violencia y lleva la lengua colgando. Cuando pasa veloz por la "ventanilla" lateral holográfica, Joy le pega con su piruleta, que se queda adherida a la pantalla. El ordenador de a bordo del VPE reacciona ante la impertinencia prepotente del otro, mandándole al visor de su salpicadero un mensaje: "¡Eh, ve más despacio!" De pronto, en la holoventanilla aparece un coche de policía en la guisa de pterodáctilo que persigue al lagarto tremebundo. El T. rex vuelve la mirada y lanza un chillido pavoroso cuando el reptil volador le coge la cola. "¡Le pilló!", exclama feliz Jamie mientras relámpagos y negros nubarrones dan carácter a esa caza jurásica.

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