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El eslabón débil

Escepticismo acerca de que un fósil descubierto hace poco sea, como se ha dicho, un eslabón perdido de la evolución humana.
Fuente: "Complete Primate Skeleton from the Middle Eocene of Messel in Germany_Morphololgy and Paleobilogy", por Jens L. Franzen et al., en PLoS ONE, vol. 4, n.º 5; mayo de 2009.
El 19 de mayo, el mundo supo del esqueleto fósil de un primate, del tamaño de un gato, que vivió hace cuarenta y siete millones de años en una selva en lo que ahora es Alemania. Este espécimen, una hembra joven, representa un género y una especie nuevos para la ciencia, Darwinius masillae, aunque los investigadores que lo descubrieron, como buenos publicistas, le asignaron rápidamente un nombre más sencillo: Ida. Y, en una elaborada campaña de relaciones públicas, en virtud de la cual se programó la publicación simultánea de una página web, de un libro, de un documental en History Channel y del estudio científico que describía el descubrimiento en PLoS ONE, se dijo que Ida era el eslabón perdido entre los seres humanos y nuestros parientes primates. En informativos televisados, los miembros del equipo llamaron a Ida la "octava maravilla del mundo", el "Santo Grial" y la "Piedra Rosetta".
Esta orquestación dio sus frutos, ya que Ida apareció en la primera plana de innumerables periódicos y en los telediarios. Hasta medios especializados en el chismorreo recogieron la noticia. Y Google incorporó la imagen del fósil a su logotipo de la página principal de búsqueda durante un día entero.

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