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Actualidad científica

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  • Investigación y Ciencia
  • Diciembre 2009Nº 399

Astrofísica

Estrellas negras

Los efectos cuánticos podrían impedir la formación de verdaderos agujeros negros. En su lugar se crearían unos cuerpos muy densos, las estrellas negras.
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Los agujeros negros excitan la imaginación: albergan un misterio inconmensurable detrás de la cortina de su "horizonte de sucesos", no permiten la salida de nada que entre en ellos e irremisiblemente aniquilan lo que ingieren.
Para los físicos teóricos, los agujeros negros son un tipo de solución de las ecuaciones de campo de Einstein en que se funda la teoría general de la relatividad. Esta determina, por una parte, la manera en que la materia y la energía distorsionan el espaciotiempo como si fuera elástico y, por otra, cómo esa curvatura que adquiere el espaciotiempo controla el movimiento de la materia y la energía, es decir, cómo equivale a la fuerza que llamamos gravedad. Las ecuaciones predicen sin ambigüedades la existencia de regiones del espaciotiempo de las que no puede partir ninguna señal que llegue hasta los observadores lejanos. Estas regiones --los agujeros negros-- comprenden lugares ("singularidades") donde la densidad de la materia se aproxima al infinito y una zona vacía de extrema gravedad que los rodea de la que nada, ni siquiera la luz, puede escapar. Un límite conceptual, el horizonte de sucesos, separa la zona de intensa gravedad del resto del espaciotiempo. En el caso más sencillo, el horizonte de sucesos es una esfera de unos 6 kilómetros de diámetro que delimita un agujero negro con la masa del Sol.

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