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BRUNO VACARO
¿De qué estará hecho nuestro porvenir energético? ¿De centrales nucleares? ¿De centrales solares? ¿De centrales hidroeléctricas? ¿De parques eólicos? Sea como fuere, ya es hora de sustituir las energías fósiles por energías renovables. A problemas de fuste, innovación: el científico David Jones propuso hace ya algunos años una revolución energética inspirada en los mecanismos que intervienen en la generación hidroeléctrica. Pero sin agua, ni vino. Según Jones, nuestro futuro reside en la energía potencial gravitatoria de las montañas.
La hidroelectricidad es la transformación directa de la energía potencial gravitatoria de una masa de agua mantenida en alto en energía cinética para accionar una turbina. Basta con dejar caer el agua para recuperar una energía igual al producto de la masa m del agua por la aceleración g de la gravedad y por la altura h de caída (E = mgh). Se calcula fácilmente: un embalse de un kilómetro de ancho, 10 de largo y 100 metros de altura respecto al nivel de las turbinas retiene mil millones de tonelada de agua, a lo que corresponde una energía potencial de 500.000 millones de kilojoule o 140 millones de kilowatt-hora, el consumo anual de 5000 hogares. La hidroelectricidad suministra en Francia 70 terawatt-hora (70 mil millones de terawatt-hora), es decir, aproximadamente el 12 por ciento de las necesidades energéticas; el resto lo suministra sobre todo el sector de la energía nuclear.

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