Detonación de explosivos

La detonación se propaga por el explosivo convertida en onda de choque supersónica e impulsada por la energía de las reacciones químicas que la onda induce. No se dispone todavía de una teoría que describa el proceso.

En 1846, el químico italiano Ascanio Sobrero descubrió que la combinación de ácido nítrico y glicerina producía una substancia líquida de propiedades muy peculiares. La substancia explotaba violentamente, y de forma distinta de como lo hacía la pólvora negra, el explosivo común de la época. La pólvora negra no explota, a menos que se la confine y sus gases de combustión generen grandes presiones; basta, en cambio, una pequeña cantidad de ese líquido oleoso para que explote con mayor potencia que la pólvora negra, sin necesidad de confinamiento. Sobrero no sólo había descubierto Un nuevo compuesto, la nitroglicerina, sino también un proceso físico enteramente nuevo para la explosión de las substancias: la detonación.

Al difundirse el hallazgo de Sobrero, otros investigadores intentaron aplicarlo. Entre ellos, el incansable inventor sueco Emanuel Nobel, quien trató de añadir, sin éxito, nitroglicerina a la pólvora negra para así aumentar su eficacia. En 1863, su hijo Alfred intuyó que el nuevo tipo de explosivo necesitaba una carga iniciadora distinta. Las cargas de pólvora negra precisan de la llama para estallar; el joven Nobel desarrolló, sin embargo, un detonador que hacía estallar la nitroglicerina «por percusión o por presión brusca», tal como figura en la patente.

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