Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

Modelos climáticos

¿Producirá el efecto de invernadero otro «tazón de polvo»? ¿Traerá la guerra nuclear un «invierno nuclear»? Los modelos informáticos del clima terrestre ofrecen indicaciones sobre el futuro de éste.

El clima terrestre cambia. El actual difiere muchísimo del que dominaba hace 100 millones de años, cuando los dinosaurios se enseñoreaban del planeta y las plantas tropicales florecían a altas latitudes; difiere incluso de lo que era hace 18.000 años, cuando los hielos cubrían una zona extensísima del hemisferio Norte. Con toda seguridad, continuará modificándose en el futuro. En parte, la evolución se verá impulsada por causas naturales, como las fluctuaciones en la órbita terrestre. Pero los cambios climáticos que sobrevengan, a diferencia de los registrados en el pasado, tendrán probablemente también una nueva fuente: la actividad humana. Tal vez estemos experimentando ya los efectos de haber ensuciado la atmósfera con el dióxido de carbono y otros gases. Los efectos de una guerra nuclear podrían ser mucho más dramáticos.

¿Cómo puede la sociedad humana prepararse para un futuro climático tan incierto? Obviamente, la posibilidad de predecir dicho futuro con algún detalle sería de gran ayuda, pero en eso estriba el problema: los procesos que constituyen un clima planetario son demasiado grandes y complicados para poder reproducirlos físicamente en experimentos de laboratorio. Por suerte, sí pueden simularse matemáticamente con el auxilio de un ordenador. En otras palabras, en lugar de construir una analogía física del sistema tierra-océano-atmósfera, se pueden idear expresiones matemáticas de los principios físicos que gobiernan el sistema (la conservación de la energía, por ejemplo, y los principios de la dinámica de Newton) y dejar después que el ordenador calcule cómo evolucionará el clima de acuerdo con tales leyes. Los modelos matemáticos del clima no pueden simular la complejidad entera de la realidad, pero alcanzan a revelar las consecuencias lógicas de hipótesis plausibles acerca del clima. Como mínimo, constituyen un gran paso más allá de la pura especulación.

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.