El derecho a estar solo

Se están desplazando las lindes entre el interés público y el derecho a la intimidad.
Vientos gélidos barren la privacidad. Los avances técnicos y el contraterrorismo provocan cambios impresionantes, tal vez irreversibles, en lo que cabe esperar que subsista de vida privada. Hace unos diez años, Scott McNealy, de Sun Microsystems, predijo la muerte de la privacidad. "Pechad con ello", fue su consejo. Hay quienes, sobre todo jóvenes menores de 25 años, se jactan de haber seguido la recomendación estrictamente. Han abrazado la antítesis de lo privado: la apertura total a la mirada pública. Y, desde luego, en muchos casos, como la detección de terroristas o la de portadores de ciertas enfermedades, el interés público cuenta con buenas razones para recabar información sobre materias que normalmente pertenecerían al ámbito privado.

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