Fusión de bases de datos

Integrar toda la información personal, desde la factura de la tarjeta de crédito hasta la lista de llamadas de teléfono móvil, en una carpeta digital omnisciente, propio de una pesadilla de George Orwell, no es hazaña fácil.
Hace unos años tomé un café en una cantina de camino al aeropuerto de San Francisco; lo pagué con la tarjeta. Dejé el coche en el parking de la terminal y subí a un avión, rumbo al Reino Unido. Ocho horas más tarde llegué a Heathrow, compré una tarjeta prepago para el teléfono móvil y al ir a sacar un billete de tren que me llevara a Londres, mi tarjeta de crédito dejó de funcionar. No pude abonar el billete.
No descubrí lo que había pasado hasta que volví a los Estados Unidos. Al parecer, el café de la cantina, sumado a la tarjeta prepago en el extranjero, había activado un algoritmo antifraude en el sistema informático de la compañía de mi tarjeta de crédito. El sistema intentó localizarme por teléfono y al dar con el contestador automático, anuló directamente mi tarjeta de crédito.

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