Privacidad genética

Se necesitan leyes más rigurosas para evitar que las compañías de seguros y los empresarios discriminen a clientes y trabajadores en razón de los resultados de pruebas genéticas.
Antaño, si la familia del lector tenía antecedentes de cáncer de colon, no le quedaba otra opción que esperar y temer que él acabara sufriéndolo. Hoy en día, en cambio, un análisis genético le permite saber si ha heredado una predisposición superior a la media de padecer la enfermedad. Y así, poder beneficiarse de un tratamiento preventivo. Un mayor conocimiento de los genes mejora la capacidad de prevención, tratamiento y curación.
Ante esas perspectivas, el entusiasmo se desató en el comienzo del Proyecto Genoma Humano en 1990. Un fervor que se vio atenuado conforme crecía la inquietud por proteger la privacidad de la información genética. Los análisis que revelaran la dotación génica de un individuo podrían avergonzarle o estigmatizarle. Las compañías de seguros podrían denegarle la cobertura sanitaria o aumentar la prima; los empresarios podrían no contratarle o despedirle. Al propio tiempo, los científicos y las autoridades sanitarias admitían que nunca podría acometerse la potencial mejora de la asistencia médica basada en estudios genéticos de grandes poblaciones, si la mayoría de la gente se negaba a participar por miedo a que los resultados pudieran ser usados en su contra.

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