Memoria fotográfica

Una cámara de vídeo que puede llevarse colgada podría ralentizar los efectos de la enfermedad de Alzheimer.

CORTESÍA DE MICROSOFT RESEARCH

La esperanza de que se descubran nuevos medicamentos que ralenticen o detengan el inexorable declive de los pacientes con alzhéimer se ha visto frustrada repetidas veces en los últimos años. En un caso, Eli Lilly tuvo que poner fin al ensayo de un fármaco diseñado para evitar la producción de proteínas tóxicas en el cerebro, porque la cognición de los pacientes había empeorado mientras tomaban el fármaco.

Los científicos buscan ahora formas alternativas para ayudar a los pacientes en el ámbito informático. Una de las estrategias se basa en una pequeña cámara denominada SenseCam, que se lleva al cuello, como un collar, y que hace fotografías automáticamente durante el día. La idea no consiste en utilizar las imágenes para sustituir a la memoria, sino para estimularla. Cada fotografía puede servir como ayuda para recordar, como la magdalena de Proust, introduciéndose en la red de recuerdos que, en conjunto, definen la identidad de una persona.

La cámara SenseCam, desarrollada por Microsoft y comercializada por Vicon, utiliza una lente de gran angular para conseguir una visión amplia. A intervalos regulares, por ejemplo cada 30 segundos, una nueva imagen se almacena en la memoria de un gigaocteto. Cuando el portador de la cámara transita de una habitación a otra, un sensor percibe el cambio en la luz y hace que la SenseCam tome otra fotografía. Además, si una persona pasa cerca, un sensor infrarrojo detecta el calor corporal e indica que hay que hacer otra fotografía. El resultado es una cronografía elaborada a base de imágenes de los detalles cotidianos del propietario. Después, los pacientes o sus cuidadores introducen este registro electrónico en un ordenador para visualizar las imágenes, ya sea individualmente o en una secuencia cronológica.

Docenas de grupos están realizando pruebas piloto del dispositivo en pacientes con problemas de memoria. Estos estudios no son todavía significativos, pero aun así resultan atractivos. Steve Hodges, de Microsoft Research Cambridge, recuerda a un paciente con alzhéimer que describía una excursión de un día con su esposa, en España, en la que llevaba una SenseCam para obtener imágenes que pudiera «estudiar» después. Sin embargo, el paciente se preguntó cómo habían llegado a su destino. Entonces, su esposa señaló que se había quitado el dispositivo en el tren porque le daba vergüenza llevar puesto un cacharro extraño. Revisar las fotos podría ser una forma de ejercitar el cerebro para promover la memoria autobiográfica, recordando el momento y lugar de acontecimientos pasados. La capacidad de realizar este tipo de viaje en el tiempo mental es, precisamente, lo que destruye la enfermedad de Alzheimer.

Algunos siguen mostrándose escépticos con respecto al dispositivo. «Hemos constatado que las personas mayores, especialmente las que sufren problemas de memoria, suelen ser reacias a utilizar la tecnología», afirma Paul Aisen, médico e investigador de la Universidad de California en San Diego, que ha colaborado en el diseño de ensayos de medicamentos contra la enfermedad de Alzheimer. Si el dispositivo funciona, y aún es demasiado pronto para saberlo, la SenseCam simplemente haría que el deterioro fuese más lento. Sin embargo, un retraso del declive cognitivo de solo unos pocos años supondría un gran beneficio para la salud pública, dado que permitiría que los pacientes conservasen algunos vestigios de su memoria. Una imagen podría valer más que 1000 miligramos.

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