Veladas venusianas a la luz de la Tierra

La órbita y la rotación de Venus guardan una sincronización muy espacial con la órbita terrestre.

CHRISTOPH PÖPPE, SEGÚN NORBERT TREITZ

Los terrícolas hemos sido afortunados con nuestro planeta. No solo debido a su distancia al Sol, muy constante todo el año y adecuada para permitir la existencia de vida, sino también en lo que se refiere a la visión del cielo nocturno, única en el sistema solar. Ningún otro planeta ofrece paseos tan románticos a la luz de la luna, pues, de entre todos los satélites, el nuestro es --y por un amplio margen-- el mayor en comparación con su planeta.
En lo que respecta a los demás astros, Venus exhibe, sin duda, una gran belleza. Sin embargo, es nuestro planeta el que desde allí brinda un espectáculo esplendoroso cuando se encuentra en oposición al Sol. En ese momento, el Sol, Venus y la Tierra se hallan alineados, la distancia entre ambos planetas es mínima y el Sol ilumina todo el hemisferio terrestre expuesto a Venus. Esta experiencia visual solo es superada por la contemplación de Venus desde Mercurio; no solo porque la luz solar incida con mayor intensidad sobre Venus que sobre la Tierra, sino también porque Venus, debido a su espesa capa de nubes, refleja más del doble de luz que nuestro planeta.

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