El cambio climático pone freno a la agricultura

El impacto climático de las emisiones de carbono ha decelerado la productividad agrícola y ganadera en todo el mundo. El daño equivale a la pérdida de todas las mejoras en productividad logradas durante los últimos siete años.

FRENO CLIMÁTICO: Maíz deteriorado debido a los efectos de una larga sequía en una plantación del sur de Wisconsin. [GETTY IMAGES/wakr10/ISTOCK]

Vivimos en una era de abundancia agrícola sin precedentes. Mientras que entre 1961 y 2015 la población mundial aumentó en un 140 por ciento, en el mismo período la producción agrícola lo hizo en un 250 por ciento. Buena parte de ese crecimiento se explica por un incremento en el uso de insumos (tierras, plaguicidas, abonos, etcétera), pero cada vez más se debe a los aumentos en la productividad; es decir, a la capacidad de obtener más productos con los mismos insumos gracias al desarrollo de nuevas técnicas. Sin embargo, la agricultura se enfrenta a retos ambientales crecientes, entre ellos el cambio climático.

La agricultura siempre ha dependido de manera fundamental del clima, el cual se encarga de proporcionar la temperatura y el agua necesarias para mantener los cultivos y el ganado. Sin embargo, en un contexto de cambio climático acelerado, este vínculo se torna vulnerable. Y aunque las proyecciones del clima futuro han dado mucho que hablar, es importante subrayar que el clima ya ha cambiado: hoy, las temperaturas globales son un grado centígrado superiores a las de la época preindustrial. El consenso científico al respecto es rotundo e indica que la causa principal de dicho calentamiento es la emisión de gases de efecto invernadero provenientes de la quema de combustibles fósiles.

Si la agricultura depende de manera tan íntima del clima y este ya ha cambiado, una pregunta natural es qué impacto ha ejercido ya el cambio climático en la agricultura mundial. Algunos estudios han establecido que el calentamiento global ha decelerado la producción de ciertos cultivos importantes, como los cereales. Sin embargo, estos solo representan el 20 por ciento del valor económico de la producción agrícola y ganadera mundial, por lo que no ofrecen un panorama completo.

En un trabajo publicado en Nature Climate Change, nuestro grupo de investigación se propuso cuantificar el impacto histórico del cambio climático en el conjunto de la agricultura y ganadería mundiales; un proyecto que ha requerido la participación de un equipo interdisciplinar de economistas, climatólogos y ecólogos. Nuestros resultados muestran que los cambios antropogénicos en el clima han frenado la productividad agrícola y ganadera. Dicho efecto no es menor: en las últimas seis décadas, equivale a haber perdido todo el aumento de la productividad logrado durante los últimos siete años. El fenómeno pone de manifiesto que los efectos perjudiciales del cambio climático ya han comenzado y subraya la necesidad de adaptar cuanto antes la agricultura mundial a un contexto de clima cambiante.

Aislar el efecto del clima

Establecer el impacto histórico del cambio climático en la agricultura y la ganadería no supone una tarea sencilla. A diferencia de los efectos físicos del calentamiento, como el deshielo de los glaciares, sus consecuencias en la economía resultan mucho más difíciles de identificar, ya que en ella intervienen un sinnúmero de factores ajenos al clima. Por tanto, cuantificar el impacto del cambio climático en la agricultura requiere usar métodos que nos permitan descomponer las distintas variables.

Podemos ilustrar el reto con una analogía sencilla. Supongamos que deseamos cuantificar el efecto de la temperatura en la velocidad de un grupo de ciclistas. En la marcha de un corredor influyen todo tipo de causas además de la temperatura, desde la pendiente del terreno hasta la altitud, el viento o el entrenamiento. Por tanto, una manera ingenua de analizar la cuestión sería comparar la velocidad de ciclistas en climas fríos con la de otros en climas más cálidos. Esta estrategia resulta problemática, ya que es probable que existan diferencias entre ambos grupos más allá del clima. Por ejemplo, uno de los grupos puede estar de media más entrenado que el otro, lo que nos llevaría a confundir el efecto del entrenamiento con el de la temperatura.

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