Ojos de aves y cambio global

El tamaño del globo ocular podría revelar la vulnerabilidad a la destrucción del hábitat.

Jejenero de corona castaña estudiado en la selva peruana. [IAN AUSPREY Y MUSEO DE HISTORIA NATURAL DE FLORIDA]

A la mayoría de las aves los ojos les resultan esenciales para la vida aérea. Les permiten ejecutar maniobras acrobáticas en una fracción de segundo entre el denso ramaje, o localizar con precisión en la distancia a los depredadores o las presas. Pero cuando los ornitólogos han estudiado su adaptación a este mundo en rápido cambio, han pasado por alto el tamaño del ojo en favor de rasgos como la envergadura de las alas o la forma del pico. Ahora, un conjunto de medidas de los globos oculares tomadas en el pasado ofrece una visión nueva de estos animales.

En 1982, Stanley Ritland, estudiante de posgrado de la Universidad de Chicago, examinó especímenes de museo conservados en formol y midió minuciosamente los globos oculares de casi 2800 especies, un tercio de todas las aves terrestres. Nunca publicó esos datos, pero Ian Ausprey, otro estudiante del Museo de Historia Natural de Florida, les ha vuelto a echar un vistazo. El análisis de Ausprey, publicado en Proceedings of the Royal Society B, coincide con trabajos previos en Perú que indican que las aves de ojos pequeños se adaptan mejor a los hábitats cambiantes.

«Hallamos fuertes correlaciones entre el tamaño ocular, el tipo de hábitat que ocupan las aves, sus hábitos de búsqueda de alimento y el lugar del mundo donde viven», afirma Ausprey. Las mediciones de Ritland ilustran una relación inversa entre las dimensiones del ojo y el área de distribución. Las aves de ojos pequeños tienden a ser migratorias y a viajar a través de numerosos hábitats; las de ojos grandes viven en áreas más localizadas, se concentran alrededor del ecuador, a menudo envueltas por la densa cubierta selvática. El estudio postula que las aves de ojos pequeños se adaptan sin problemas a niveles de luz variables durante sus viajes, mientras que las de ojos grandes luchan contra el deslumbramiento fuera de sus dominios boscosos, inmersos en la penumbra.

Ausprey ya había observado esta tendencia en los bosques nubosos de las montañas de Perú. En esos puntos calientes de biodiversidad, explica, «el tamaño ocular aparece estrechamente relacionado con la respuesta [de las aves] a las perturbaciones causadas por la agricultura». Las de ojos voluminosos tienden a desaparecer de las zonas agrícolas y desforestadas, con mucha luz; las de ojos chicos se adaptan. El nuevo estudio amplía las observaciones de Ausprey en Perú y aporta una mayor variedad de aves de otros lugares, entre ellos loros, pitos y pinzones.

Allison Shultz, ornitóloga en el Museo de Historia Natural del Condado de Los Ángeles, ajena a la investigación, lo alaba por subrayar la importancia que la exposición a la luz tiene para las aves. Ella misma ha descubierto un vínculo entre la coloración del plumaje y la luz ambiental, y espera que las futuras investigaciones analicen de qué modo la contaminación lumínica y la desforestación podrían estar modelando los ojos de las aves. «Me resultaría muy curioso comprobar si los ojos evolucionan para adaptarse mejor a los nuevos entornos, más luminosos», añade.

Ausprey cree que el estudio recalca la importancia de conservar los entornos con distintos niveles de luz, sobre todo los fragmentos de selvas densas, como medio para proteger de la pérdida de hábitat a las aves con ojos de cualquier tamaño.

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