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1 de Mayo de 2019
Clima

El amplificador meteorológico

Las extrañas ondulaciones de la corriente en chorro auguran un futuro lleno de olas de calor e inundaciones.

Un incendio avivado por el calor y la sequía se propaga rápidamente cerca de Delta, California, en septiembre de 2018. [JOSH EDELSON, GETTY IMAGES]

En síntesis

Cuando la corriente en chorro adopta una forma muy sinuosa, puede causar fuertes lluvias o calor intenso durante el verano. Si la corriente se estanca, el mal tiempo puede prolongarse durante días.

Una resonancia en la atmósfera puede amplificar las ondulaciones e incrementar aún más la dureza de estos fenómenos meteorológicos. Las matemáticas de la mecánica cuántica permiten entender este efecto.

Los aerosoles atmosféricos procedentes de las centrales de carbón frenarán el aumento de estos episodios extremos hasta 2050, pero a medida que las centrales instalen lavadores de gases se producirá un recrudecimiento.

Consideremos los siguientes veranos extremos. En 2003, la peor ola de calor de la historia de Europa acabó con la vida de más de 30.000 personas. En 2010, los incendios forestales en Rusia y las inundaciones en Pakistán causaron daños y cifras de víctimas mortales sin precedentes. En 2011, una ola de calor en Estados Unidos hizo que los ganaderos de Oklahoma perdieran una cuarta parte de sus reses. En 2016, los incendios de Alberta supusieron el desastre más costoso de la historia de Canadá. Y en 2018 EE.UU. padeció un verano tristemente célebre: las temperaturas se dispararon por encima de los 38 grados Celsius durante días en el desértico suroeste, las fuertes lluvias y las inundaciones anegaron los estados del Atlántico Medio y California vivió una terrible temporada de incendios. Europa y Asia también sufrieron tremendas olas de calor, inundaciones e incendios.

¿Es una coincidencia que los veranos más devastadores hayan tenido lugar en las últimas décadas? Mis colaboradores y yo creemos que no. Todos esos eventos meteorológicos se caracterizaron por una configuración atípica de la corriente en chorro, el estrecho cinturón de fuertes vientos que soplan de oeste a este alrededor del hemisferio norte, generalmente a lo largo de la frontera entre EE.UU. y Canadá para luego atravesar el océano Atlántico, Europa y Asia. En ocasiones la corriente es bastante rectilínea, pero también puede presentar pronunciadas ondulaciones, en forma de S tumbada. Normalmente, desde el Pacífico se curva hacia el norte para adentrarse en Canadá occidental, a continuación vira al sur y cruza el Medio Oeste de EE.UU. y vuelve a subir en dirección a Nueva Escocia. Esa forma suele atravesar EE.UU. de oeste a este en pocos días, transportando aire cálido hacia el norte o frío hacia el sur y creando zonas de lluvia o nieve, en especial cerca de las ondulaciones. La corriente en chorro controla el tiempo que hace cada día.

Durante los eventos extremos que he mencionado, la corriente en chorro mostró un comportamiento anómalo: las ondulaciones se adentraron excepcionalmente lejos al norte y al sur y se detuvieron (no progresaron hacia el este). Cuanto mayores son estas curvas, más duro se torna el tiempo cerca de la cresta septentrional y el valle meridional. Y cuando permanecen estancadas, como ocurrió en EE.UU. en el verano de 2018, esas regiones pueden sufrir fuertes lluvias o ser abrasadas por el sol día tras día, con inundaciones, sequías, olas de calor e incendios sin precedentes.

Recientemente, en mi grupo de investigación hemos demostrado que esas configuraciones estancadas y muy curvadas se han vuelto más frecuentes debido al calentamiento global, lo cual potencia los fenómenos meteorológicos extremos. Sin embargo, predecimos que ese incremento podría detenerse durante las próximas décadas, algo que puede sonar extrañamente «bien»: los episodios adversos seguirán ocurriendo, pero al menos no empeorarán. También pronosticamos que los fenómenos extremos comenzarán a ser mucho más duros a partir de 2050 aproximadamente, sobre todo en verano. Aumentarán las amenazas para la salud y la seguridad de la población, las tormentas provocarán más daños y se perderán las cosechas necesarias para alimentar a una población cada vez mayor.

¿Cómo lo sabemos? Gracias a las matemáticas de la mecánica cuántica. Sí, el lenguaje que describe el comportamiento de los electrones a la escala más pequeña nos ayuda a explicar el comportamiento de nuestra atmósfera a escala planetaria, e indica que el aumento de los fenómenos meteorológicos peligrosos, la esperada estabilización y el subsiguiente recrudecimiento responden a un curioso equilibrio entre las concentraciones de los gases de efecto invernadero derivados de la quema de combustibles fósiles y la contaminación por azufre procedente de las chimeneas industriales. Y eso plantea la cuestión de si reducir las emisiones evitará que la corriente en chorro cause estragos.

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