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1 de Mayo de 2019
Sostenibilidad

Impacto ambiental de la importación de frutas y verduras

La sobreexplotación de los recursos hídricos en España avalaría en algunos casos la sustitución de los productos locales por otros importados.

El consumo de frutas y verduras producidas localmente no siempre resulta beneficioso para el ambiente, sobre todo cuando los productos no son de temporada. [© Steve Debenport/iStockphoto]

Besarte es como comer naranjas en agosto y uvas en abril». En 1988, la canción Sabor de amor del grupo Danza Invisible sugería que comer frutas que no fueran de temporada era un placer prohibido. Treinta años después, los consumidores hallamos durante todo el año en las fruterías y los supermercados una extensa variedad de frutas y verduras, sean locales o importadas, de forma que el concepto de producto de temporada ha empezado a diluirse.

Al mismo tiempo, en los últimos años ha crecido la preocupación de los consumidores por conocer y minimizar los impactos ambientales y sociales asociados a los bienes y servicios que compran. Los mecanismos de certificación social y ambiental, como la del comercio justo, de la Organización Mundial del Comercio Justo, la etiqueta ecológica de la Unión Europea o la de agricultura ecológica europea, se han creado para que los consumidores dispongan de información sobre cuáles son las empresas más responsables con el entorno y los productos que menos lo perjudican.

Los eslóganes que promueven el consumo local y de temporada han ido calando progresivamente en nuestra sociedad. El del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, «Fruta y verdura de aquí y de ahora», pretende fomentar varias conductas o prácticas: comer sano, favorecer el desarrollo de proximidad y reducir los impactos ambientales asociados al transporte y al uso intensivo de energía, agua o fertilizantes.

Sin embargo, el consumo local no siempre supone un menor impacto ecológico. Si las frutas y las verduras importadas por España son de temporada en el país de procedencia (uvas de Argentina en abril), o si ese país dispone de una dotación de recursos más abundante (agua, tierra u horas de sol) o utiliza técnicas de producción menos intensivas (que explotan menos recursos) o que generan menos desechos (por ejemplo, CO2), puede suceder que las importaciones provoquen un menor impacto ambiental que la producción local.

Para conocer el impacto global que ejerce nuestro país, en un trabajo reciente publicado en Enviromental Science and Technology, hemos evaluado cómo se verían afectados el consumo de agua y las emisiones de carbono a escala mundial si las familias españolas decidieran sustituir las frutas y las verduras frescas importadas por otras de producción nacional. En la práctica, ello implicaría que, para un mes concreto, por ejemplo noviembre, las familias dejarían de comprar piñas de Costa Rica y en su lugar adquirirían mandarinas o caquis producidos en Valencia. Al contrario de lo que se podría pensar, nuestros datos apuntan a que ese cambio de conducta no siempre resultaría beneficioso para el ambiente.

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