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1 de Mayo de 2019
Arqueología

La cultura material en los animales

Los restos arqueológicos de las herramientas líticas dejadas por otros primates están arrojando luz sobre el origen de la innovación tecnológica.

Estos macacos cangrejeros abren moluscos con útiles de piedra en una playa de Tailandia. [MARK MacEWEN, NATURE PICTURE LIBRARY]

En síntesis

A los arqueólogos solo les ha interesado la recuperación de la cultura material propia de los miembros de la familia humana.

Pero algunos primates, entre otros animales, usan herramientas.

En los últimos años se han comenzado a desenterrar los restos arqueológicos de esos animales.

Esas investigaciones persiguen dilucidar los factores que determinaron el nacimiento de la tecnología animal y humana.

Que la marea estuviera subiendo deprisa no parecía preocupar a aquellos monos. Unos andaban correteando por las rocas y los mangles, alejados de la orilla, mientras otros masticaban con sosiego una ostra o disfrutaban de una sesión de espulgo. Desde una rama, los más jóvenes se zambullían en las cálidas y límpidas aguas. Como cualquier habitante de esta parte de la costa de Tailandia, vivían en sintonía con el vaivén diario del mar.

Yo, en cambio, no quitaba el ojo a la pleamar. En esa plácida mañana de diciembre de 2013, permanecía agachado junto a un pulcro hoyo cuadrado que ahondaba hasta donde me era posible, sacando paletadas de arena mojada. De apenas medio metro de lado, había tardado horas en cavarlo, desde la bajada de la marea en la noche anterior. Convenía andar con cuidado, pues un gesto en falso y mi obra se desmoronaría.

Aquella era una excavación arqueológica en toda regla, con el aspecto que uno pueda imaginar: cubos, tamices, cordeles, niveles, sacos y cintas métricas desparramados aquí y allá. Pero los objetos antiguos que me habían traído hasta aquella pequeña isla de Piak Nam Yai, en el Parque Nacional de Laem Son, no eran nada corriente. No andaba en busca de monedas ni de cerámica ni de los vestigios de un antiguo asentamiento ni de una remota civilización desaparecida. Buscaba restos de la cultura simia que desfilaba ante mí en la playa.

Soy arqueólogo de primates: empleo los métodos habituales de la arqueología para conocer el comportamiento pasado de diversas especies de primates. Con sinceridad, la imagen que me viene a la cabeza cuando pronuncio esa frase es la del Dr. Cornelius, el chimpancé de la película El planeta de los simios, de 1968, que descubre indicios de que los humanos no fueron siempre unas bestias mudas. Por ese polémico descubrimiento es acusado de herejía, y aunque de eso no se habla en la película, sospecho que también pierde su financiación. Evoco a Cornelius porque varios científicos hemos estado dando forma recientemente a una nueva disciplina científica que calca su trabajo. Desde hace más de 150 años el vocablo «arqueología» ha descrito el estudio de los vestigios físicos del pasado exclusivamente humano. En aquel entonces surgieron multitud de disciplinas versadas en épocas, lugares o métodos particulares, pero todas compartían un mismo tema central: conocer a la humanidad. Los animales formaban parte del estudio arqueológico, pero solo como fuente de alimento, transporte, compañía o parásitos. Orbitaban en torno a nuestro mundo.

Nadie pone en duda que con ese punto de vista se han cosechado logros extraordinarios. Por ejemplo, en 2015 Sonia Harmand y su equipo de la Universidad Stony Brook ampliaron el registro del comportamiento humano hasta más de tres millones de años con el hallazgo de útiles líticos abandonados por un antepasado remoto en el yacimiento de Lomekwi, en Kenia. (No es casual que sean de piedra. En la inmensa mayoría de ese registro, que abarca millones de años, los útiles de ese material han sido los únicos artefactos culturales que han sobrevivido y pueden informarnos acerca de nuestro origen; los fabricados con otros materiales perecederos han sucumbido al paso del tiempo.)

Al fijar la atención en nuestros parientes más cercanos en la escala evolutiva, los simios inferiores y superiores, la arqueología de primates pretende dibujar una trama más detallada para entender la larga historia del desarrollo técnico de nuestra especie. Los humanos y nuestros ascendientes directos somos primates, y dilucidar nuestro viaje evolutivo sigue siendo uno de los objetivos primordiales de esta investigación. Situar la génesis asombrosamente compleja de la tecnología humana en un contexto biológico más amplio nos permitirá discernir mejor los rasgos de la herencia primate común de aquellos que son propios de nuestra especie.

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