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1 de Julio de 2009
Fisiología

Acalorados a 37 °C: ¿por qué?

El cuerpo humano es como un motor térmico, que genera sin cesar grandes cantidades de calor, y su radiador, por así decirlo, dispersa el calor con menor eficacia en climas cálidos.

Wolfram Schroll, Corbis

El cuerpo humano es como un motor térmico, que genera sin cesar grandes cantidades de calor, y su radiador, por así decirlo, dispersa el calor con menor eficacia en climas cálidos.


El calor constituye un subproducto inevitable del trabajo que realizan los tejidos corporales. La contracción de los músculos de corazón, del diafragma y de las extremidades, las bombas de iones que mantienen las propiedades eléctricas de los nervios y las reacciones bioquímicas que descomponen los alimentos y sintetizan nuevos tejidos (por mencionar sólo algunos procesos) generan sin cesar calor corporal. Con este volcán de órganos internos activos, el cuerpo tiene la necesidad crítica de disipar calor a sus alrededores. Para ello hace circular sangre cerca de la superficie de la piel, exhala aire caliente y saturado de humedad, y evapora sudor.


Estos procesos se desarrollan de forma óptima cuando la temperatura ambiente ronda los 22 oC, temperatura a las que nos sentimos cómodos, a la vez que permiten mantener la temperatura en el interior del cuerpo a unos 37 oC. Pero cuando la temperatura ambiente iguala la temperatura de nuestras entrañas, los mecanismos de evacuación térmica no funcionan en condiciones óptimas, y sentimos calor, en especial cuando la humedad es elevada. La humedad posee un efecto importante, porque el agua del cuerpo absorbe enormes cantidades de calor que después son disipadas por evaporación. Cualquier situación que dificulte esta evaporación del agua (aire húmedo, aire en calma, vestidos gruesos, etc.) nos hace sentir especialmente acalorados e incómodos.

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