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Evolución en una botella

ARN replicantes hacen que la ciencia dé un nuevo paso hacia la vida artificial.
Wolfram Schroll, Corbis
Gerald F. Joyce admite que, cuando vio los resultados del experimento, estuvo tentado de interrumpir los trabajos y publicar inmediatamente los hallazgos obtenidos. Después de años de intentos, él y su alumno Tracey Lincoln habían encontrado un par de secuencias de ARN, cortas pero poderosas, que, al unirse a un caldo de sencillos bloques constructivos de ARN, se duplicaban una y otra vez; se multiplicaban por diez en unas pocas horas y se reproducían de forma continua mientras dispusieran de espacio y de materia prima.
Sin embargo, Joyce no estaba ple­namente satisfecho. Este químico de 53años, profesor y decano del Instituto de Investigación de La Jolla, California, es uno de los creadores de la hipótesis del "mundo de ARN". Se trata de la noción de que la vida tal como la conocemos, la vida basada en el ADN y en proteínas enzimáticas, con el ARN como mensajero de la información genética, se desarrolló evolutivamente a partir de un sistema químico prebiótico más sencillo, basado principalmente, si no únicamente, en el ARN.

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