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Los avances recientes en las técnicas de microfabricación permiten la obtención de dispositivos progresivamente más pequeños como los nanomotores químicos.

Si queremos que tales microdispositivos se desenvuelvan en un fluido y deseamos mantener un control preciso de su posición y velocidad (lo que nos permitiría utilizarlos a modo de pequeños submarinos que navegaran en microcanales como arterias o poros), debemos cumplir una condición de suma importancia que se plantea sólo en este "micromundo": el movimiento de los micronadadores no puede ser recíproco.

Un movimiento recíproco es simétrico respecto del tiempo. (Si lo grabamos en vídeo y lo proyectamos luego marcha atrás, nos parecerá idéntico.) Son recíprocos los movimientos que se componen de un desplazamiento periódico hacia atrás y hacia adelante (como el de la vieira, que sólo puede abrir o cerrar su concha para lanzar agua). Debido a esa limitación, las bacterias y otros microorganismos han desarrollado mecanismos complejos (como los flagelos) para adaptarse a la física de fluidos en la microescala.

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