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En el artículo de Naomi Oreskes «¿Debe ser neutral la ciencia?» [Investigación y Ciencia, septiembre 2021] se discute la necesidad de que los científicos reconozcan sus valores y acepten que estos orientan sus investigaciones, huyendo de una neutralidad valorativa que aparentemente les aleja de la confianza pública.

Aunque estoy de acuerdo con la propuesta, creo que se obvia una cuestión importante relativa no tanto al sesgo científico como al obligado control que la sociedad debe ejercer sobre el avance científico. Muchos creemos que la investigación descontrolada en, por ejemplo, inteligencia artificial o edición genética conlleva dos peligros más reales que potenciales, bastante alejados de esa mencionada neutralidad valorativa. Es evidente que, históricamente, la reglamentación ética que debe moderar toda investigación ha ido retrasada con respecto a los hallazgos científicos. A mi juicio, la pregunta relevante no es si la ciencia debe ser neutral (la observación estricta del método científico ya mitiga suficientemente los sesgos), sino si nos podemos permitir que la ciencia avance sin un control ético preestablecido.

Aunque actualmente parece existir una cierta moratoria en el uso indiscriminado de las modernas herramientas de edición genética, resulta ciertamente inquietante anticipar en qué se va a traducir el ingente esfuerzo que miles de mentes brillantes llevan realizando desde hace un par de décadas en el campo de la inteligencia artificial y de los algoritmos de forma opaca y no supervisada.

Pedro David Delgado López
Hospital Universitario de Burgos
Presidente de la Sociedad Castellanoleonesa de Neurocirugía

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