Charcos en Marte

El lugar de aterrizaje del vehículo explorador Curiosity podría no ser lo que parece.

El vehículo explorador Curiosity en Marte. [NAS/JPL-CALTECH/MSSS]

De todos los descubrimientos que ha realizado en Marte el vehículo explorador Curiosity, de la NASA, el más trascendental es que su lugar de aterrizaje, el cráter de Gale, albergó en su día un enorme y longevo lago. Ahora, sin embargo, un nuevo estudio sugiere que ese «lago» podría haber consistido tan solo en una serie de charcas temporales más pequeñas.

Curiosity comenzó a explorar el cráter de Gale en 2012. Apenas unos meses más tarde, encontró capas de rocas arcillosas (que podrían ser producto del depósito de sedimentos en aguas estancadas), así como guijarros modelados por el flujo de un antiguo río. Esos hallazgos tuvieron lugar en la base del monte Sharp, que se eleva 5,5 kilómetros sobre el centro del cráter. Al ascender por la base de esa montaña, Curiosity también detectó minerales alterados por el agua esparcidos por el terreno. La conclusión parecía casi ineludible: hace unos 3700 millones de años, el cráter de Gale albergó una gran masa de agua que podría haber persistido durante millones de años y sustentado microorganismos. Y los sedimentos arrastrados al lago fueron dando forma al monte Sharp bajo la superficie.

Sin embargo, los planetólogos de la Universidad de Hong Kong Jiacheng Liu, Joe Michalski y Mei-Fu Zhou han publicado una nueva interpretación en Science Advances. Los expertos sugieren que el monte Sharp surgió al aire libre a partir de los sedimentos transportados por el viento y más tarde sufrió la erosión del agua: las precipitaciones crearon estanques efímeros donde el líquido se filtró a través de los sedimentos. Los microbios también podrían haber prosperado en esas exiguas aguas superficiales, pero solo durante un tiempo relativamente breve; en unas pocas decenas de miles de años, los estanques habrían desaparecido del monte Sharp y de su base. Estas conclusiones se basan en las propiedades químicas de un grupo de rocas sedimentarias (la llamada formación Murray) que examinó Curiosity mientras subía por el monte Sharp.

«Jiacheng estudió con gran detalle los minerales y las abundancias de los elementos que detectó el vehículo explorador al ascender desde la base del cráter, a lo largo de los más de 400 metros [de desnivel] que recorrió en los primeros ocho años de la misión», apunta Michalski. El análisis reveló un cambio gradual a medida que Curiosity ganaba altura: los elementos más susceptibles de ser arrastrados por el agua, como el hierro, se iban volviendo más escasos y daban paso a elementos menos solubles como el aluminio. Ese patrón recuerda a la meteorización «de arriba abajo» causada por la lluvia que muestran muchas formaciones rocosas de la Tierra.

«De confirmarse, el resultado pondría en tela de juicio nuestras ideas sobre el origen de las montañas de rocas sedimentarias de Marte», admite Edwin Kite, planetólogo de la Universidad de Chicago ajeno al estudio. Sin embargo, añade, para verificarlo sobre el terreno en el cráter de Gale harían falta herramientas de las que carece Curiosity, como un espectrómetro de rayos X de muy alta resolución para medir mejor las abundancias de los elementos. El sucesor de Curiosity, Perseverance, posee justo ese instrumento, pero se halla a miles de kilómetros, en el cráter Jezero.

Por ahora, a falta de datos más concluyentes, el equipo de Curiosity mantiene su interpretación original, señala Kirsten Siebach, planetóloga de la Universidad Rice e integrante de los equipos científicos de Curiosity y Perseverance. «No estoy convencida de que sea el momento de cambiar nuestro relato sobre el cráter de Gale», afirma, «pero, según vamos obteniendo nuevas pruebas, debemos estar dispuestos a refinar nuestras conclusiones previas».

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